Los llamados gótico internacional e hispano-flamenco son los los estilos de algunos de los mejores retalos navarros en los siglos XV y XVI.
Solían encargarlos autoridades religiosas y civiles, o comitentes (donantes) particulares. Como este Charles Pasquier de Agorreta, copero mayor de la princesa doña Leonor, que de ella recibió el señorío de Barillas, junto al castillo-palacio, el año 1466. Aqui lo vemos, cabe a su esposa, a los pies del fulgente arcángel. Algo de bueno hicieron, como se ve, encargando esta obra estupenda de arte, además de haber dado al vecino monasterio cisterciense de Tulebras en su hija Ana una abadesa de mucho trapío.
Es tan delicado y gracioso este San Miguel, tan alado y sexualmente fronterizo, que hasta ese bocazas de dragón no tiene ansia de rebelársele. Esas manos de seda, esos ojos soñadores, esa boca frutal, esa diadema cortesana…
Si los vivos colores, rojoss, azules, negros o granates, deescriben las realidades terrenas, sus oros y dorados nos hacen patentes las celestiales.
A la escuela aragonesa, a la que pertenece este regalo de los ojos (¿ Jaime Huguet?), le debemos en Navarra, especialmene a través de Pedro Díaz de Oviedo -asentado en Tudela- y de sus discípulos, retablos de primera calidad en las catedrales de Pamplona y Tudela, y en las iglesias de Cascante, Artajona o Los Arcos.
El genio de Jan Van Eyek, del Maestro de Flémalle y de Roger Van der Weydeen los ilumina a todos.