En los años veinte y treinta muchas voces de la derecha española -utilizo los viejos términos, ya tan devaluados, para entendernos- reprochaban a menudo a la izquierda española su déficit nacional, su déficit patriótico. La cosa venía, comentaban, desde el judío apátrida Carlos Marx, y, después, desde sus discípulos, sobre todo rusos, cuando no les convenía, como a Stalin, echar mano de la Patria, de la Madre Rusia, especialmente en tiempo de guerra. Ayer, en la magna y nueva manifestación por la unidad de España, alguien preparó bien las cosas para que la izquierda apareciera nacional y patriótica. Repitió Borrell; apareció por fin Iceta llevando la pancarta entre dos pesos pesados del PP, y sin que le molestaran, al parecer, las múltiples banderas españolas, que jamás aparecen en los actos del PSC. Pero el acontecimiento principàl fue el vehemente fervorín de Francisco Frutos, sedicente botifler (traidor) al racismo identitario, a la izquierda que baila el agua al nacionalismo, y decidido defensor de España, de su unidad, de sus símbolos… No me extraña que el títere Garzón y todos los pocos comunistas o izquierdaunidistas que todavía quedan por ahí se retorcieran de rabia, Frutos, secretario general del PCE durante once años y después coordinador de IU, llegó a evocar a los poetas comunistas españoles que cantaron a España. Lástima que a su oratoria vibrante no añadiera algunos de esos versos: de los Alberti, Hernández, Vallejo, Neruda, Bergamín, Prados Otero, Celaya… Muchas veces los he evocado yo también, no por su errónea y nefasta política, sino por sus excelentes poemas patrióticos. Quién me iba a decir que se lo oiría al veterano Paco Frutos, en Barcelona -donde CC. OO. y UGT se han enredado durante años en las telas de la araña independentista-, y en una manifestación popular por la unidad de España.