¿Representante del Estado en Cataluña?

 

         Sabemos por el artículo 152 de la Constitución que al presidente elegido de una Comunidad Autónoma y nombrado por el rey, le corresponde la suprema representación de la Comunidad y la ordinaria del Estado en aquélla.

Después de ver la actuación del presidente Joaquim Torra al frente del Gobierno de la Comunidad Autónoma de Catalauña durante estos meses, ¿quién podrá ver en él la representación del Estado español? Al revés, lo que cualquiera ve es ¡la representación del anti-Estado! De alguien que había llamado hienas y bestias inmundas a los españoles, sobre todo a los que viven en Cataluña y hablan español (castellano) ya se podía imaginar algo nefando. Pero su actuación ha superado todas las peores imaginaciones.

Para quedarnos con lo que hemos visto ayer y anteayer, ¿un representante del Estado puede en un acto oficial, e internacional de primera clase, negarse a saludar públicamente al jefe de ese Estado, y al presidente del Gobierno de ese Estado? ¿Salirse de la comitiva, en la que iba forzado, para no entrar en el pabellón de España, y escapar para no saludar al rey y al presidenrte del Gobierno a la entrada del pabellón de Cataluña?

Aparte de la grosería miserable y de la máxima falta de educación, ¿no llegará a ser ese acto ostentoso de desprecio y rechazo público y político de las primeras autoridades del Estado, siendo representante del mismo, un incumplimiento claro de esas obligaciones que la Constitución u otras leyes le impongann, de las que habla el primer párrafo del artículo 155?

Y el Estado, el Gobierno del Estado ¿no tiene nada que decir? ¿Sólo  los partidos de la oposición, los comentaristas, los periodistas y el homo qualunque deben expresar su opinión, su indignación y su protesta? ¿Pero en qué Estado estamos, si hablamos del verbo estar?