María José Arana

 

La bilbaína María José Arana,  teóloga y religiosa del Sagrado Corazón, que fue la primera mujer párroca en el País Vasco en la década de los noventa y una de las primeras de España, acaba de disertar en el III seminario de Mujeres en diálogo, celebrado en Madrid, sobre las diaconisas en la Iglesia primitiva, ordenadas con una fórmula muy semejante a la de la ordenación masculina, y no ha tenido pelos en la lengua para afirmar  que en el fondo hay una resistencia a admitir el diaconado femenino, por la resistencia a «perder poder y a brindar un reconocimiento a las mujeres.

Decidida partidaria del sacerdocio femenino, sobre el que ha escrito un libro –Mujeres sacerdotes, ¿por qué no?-, dice que ya  hay un documento elaborado por la comisión de estudio que mandó formar el papa Francisco sobre el diaconado de la mujer, pero que nadie lo encuentra en ningún sitio. Y si han aprobado el diaconado de los varones, ¿por qué no el de las mujeres? A lo mejor, cuando aprueben el de las mujeres, ya es demasiado tarde.

Muy consciente de lo que significa el carácter y el volumen de los abusos de religiosas por sacerdotes y obispos en todo el mundo, dice que  jamás se ha tomado en serio la cuestión de la mujer ni se le ha tomado en consideración. De otro modo, hubiera servido un poco más para la feminización de la Iglesia y para tener otro tipo de relaciones distintas del poder tradicional del varón sobre la mujer y, lo que es peor, sobre los niños. Una Iglesia más femenina -dice Arana- sería menos prepotente en todo y menos abusadora.