No hay en el Plan de Acción Cultural Exterior de España una mala partida para celebrar el V Centenario -14 de marzo de 1519- de la batalla de Centla, donde un reducido grupo de españoles, capitaneados por Hernán Cortés, con unos pocos jinetes -vistos por los indios como seres mitad hombres, mitad bestias- arcabuces y cañones aterraron a miles de indios. Tras la victoria fulgurante, las autoridades de Tabasco enviaron ofrendas a Cortés, que las aceptó gustoso. Días más tarde fundó la villa de Santa María de la Victoria y lo que un día sería la ciudad de Veracruz. Entonces se alió con los indios totonacas que pugnaban por liberarse del yugo azteca. Los españoles llegaron hasta Tlaxcala, pueblo opuesto al dominio de Tenochtitlán y enemigo de los aztecas. Juntos forjaron una alianza para la conquista del imperio Mexica.
El imperio azteca estaba poblado por 15 millones de personas y controlado desde la ciudad-estado de Tenochtitlán, dominando sobre nujmerosos pueblos, sojuzgados con durísimos tributos y el terror de continuos sacrificios humanos. Fueron los pueblos nativos oprimidos quienes acompañaron y ayudaron a Cortés como a su iberador. Hasta el caudillo Moctezuma quedó impresinado por quien iba a acabar con su poder. Y centenares de tribus esclavizadas celebraron las victorias del español.
Pero ¿quién se atreverá a contar esta historia real, aun en medio de todas las brutaldiades, propias de una guerra en el siglo XVI, que se quieran?
En el Plan de Acción Cultural Exterior de España no hay siquiera una subvención para poder distinguir los horrores de una guerra y las consecuencias humanas, culturales, religiosas…, que se derivaron de ella. Como en todas historias bélicas que recuerdan, con-memoran y hasta celebran todos los Países del mundo.
No hay siquiera una partida para un buen libro o una exposición que aclare las cosas a los españoles de hoy. La hay para el 80º aniversario del exilio republicano español y para otros acontecimientos menores, pero no atravesados por la Leyenda Negra.