¿Qué queda de la teología de la liberación? (V)

 

                  Es cierto que la atención a la identificación de Jesús con los pobres, sin el cuidado debido al  Tabor acaba dejando muchos cadáveres en las cunetas del activismo y el desencanto. Jesús de Nazaret, el Hijo de Dios, no es solo exigencia y modelo de  entrega y sacrificio, sino también caricia y consuelo, alivio y reposo.  Pero tan cierto es también que ciertas espiritualidades que absolutizan el silencio  y la unión con un Dios Amor y descuidan el programa de las Bienaventuranzas debieran escuchar al místico alemán Maestro Eckhart, cuando dice aquello de la sopa y el éxtasis:  Si un hombre estuviera en éxtasis como san Pablo y supiera que un enfermo tiene necesidad de una sopa, yo tengo por mejor que dejaras el éxtasis y sirvieras al necesitado con gran amor.

En el mundo de nuestros días, es cada vez más universal  la espiritualidad central en favor de  los  crucificados de todos los tiempos, que nos devuelven el rostro de Jesús;  cautivos, presos, migrantes, mendigos, jornaleros, esclavos, indígenas, negros, mujeres, niños, ancianos, abusados y explotados sexualmente… Lo que  apela a una teología, que es fundamentalmente la teología de la liberación de antaño, podadas algunas excrecencias y ampliados algunos de sus horizontes. Se trata del mismo Dios que es Amor y el Anti-Mal y que acoge  a los mas débiles y menesterosos, los preferidos de Jesús, porque son los más castigados por las injusticias de las leyes naturales y las injusticias del gobierno y de los modos de los hombres.

Cuanto mayor sea la prosperidad y bienestar del primer mundo -Europa, Estados Unidos de América, Canadá, Australia, Japón, Corea del Sur, Singapur…- más  necesaria es esa teología de la liberación, incluso para lograr el equilibrio de una espiritualidad tendente cada día más a la intimidad, a la mismidad, a la introspección, a la personalidad, con el riesgo de perder la relación con el Jesús histórico, orante e hijo predilecto del Padre, si, pero volcado en su vida cotidiana como liberador de los hombres de su tiempo hasta la muerte.