Cuando no peor, porque cada día que pasa, esté donde esté, insulta, agrede. injuria y calumnia a España democrática y a sus instituciones. Violencia verbal, violencia intencional, violencia demagógica (que incita y arrastra al pueblo), violencia mil veces más perjudicial, anticívica y antihumana que el tiroteo imaginario de un retén de mossos d´ésquadra el 1-O. Como era de prever, los independentistas catalanes han tergiversado el comunicado del Tribunal Superior de Justicia del Land Schlevig-Holstein -que, ciertamente, ha quebrado el principio de confianza en la Justicia española, base de la euro-orden-, mientras los filonacionalistas, los tibios, los ambiguos y muchos listos de turno han celebrado el revés que ha sufrido el Tribunal Supremo de España, que es lo que ellos esperaban y querían. Pero el prófugo Puigdemont sigue siendo el desleal por antonomasia a la democracia, a su papel de representante ordinario en Cataluña del Estado español, a la Constitución, al Estatuto de Autonomía, al pueblo catalán y a todo el pueblo español. El golpista sin escrúpulos contra ese Estado, que ha ido mucho más lejos que su predecesor en el disparate criminal. Lluis Companys. El primer responsable de la inmensa injusticia que supone querer separar a Cataluña del conjunto de España, a los catalanes del conjunto de los españoles, lo que para mí es el mayor delito moral, mucho mayor que todos los delitos penales. Y por todo ello será castigado por la Justicia española y europea, tarde o temprano. Y Europa pagará muy caro sus debilidades, si no rehace su deficiente cooperación policial, jurídica y política actual.- Por cierto, acabo de ver y oír la entrevista del periodista catalán, Jordi Évole, progresista al uso como el que más, hecha a Felipe González, y, la verdad, yo hubiera respondido, en el 95% de las preguntas, como el ex presidente del Gobierno español.