Portavoces generales, más que presidentes

 

     Gracias al Congreso Internacional de Cortes y Parlamentos en la Edad Media Peninsular, recién celebrado en Caspe, organizado por varias entidades locales-regionales y la Sociedad Española de Estudios Medievales (tras su XXXI Asamblea), sabemos muchas más cosas de las que sabíamos antes del Congreso.

Por ejemplo, que la prioridad histórica democrática de Cataluña en el conjunto de España no es tal. Que ni es anterior a León y Navarra, pero tampoco anterior a Valencia o Aragón. Porque la Generalitat catalana nace a la misma hora que la valenciana y la aragonesa, las tres en las Cortes Generales de Monzón, el año 1362, como órganos recaudatorios para el rey Pedro IV de Aragón. Más que presidentes a la manera de los de una Comunidad como las de hoy, eran algo así como portavoces generales, que cumplían su  misión económica como todos los demás. Y, si nos ponemos a contar el númeo de presidentes de la Generalitat de Cataluña desde entonces, lo mismo podemos hacer con los presidentes de Aragón y de Valencia.

Sabido es que Cataluña recuperó esa institución el 17 de abri de 1931, cuando, tras su elección como presidente de la Diputación de Barcelona, el ex coronel Fancesc Maciá, independentista, proclamó por las bravas la República catalana dentro de República federal española (inexistente), y el presidente provisional del Gobierno de la República, Niceto Alcalá Zamora, se vio obligado a enviar a Barcelona a dos ministros catalanes y al ministro granadino Fernando de los Ríos como hombres buenos para hacer volver a Macia a la cordura. Fue entonces, cuando en el toma y daca de la negociación, De los Ríos, catedrático de Derecho, se sacó de la manga de la memoria histórica esta institución medieval  para así salir del atasco político en que se encontraban. Asi fue, y Maciá reanudó la tradición de la Generalitat, convirtiéndola en algo mucho más ejecutiva y enjundiosa de lo que había sido hasta 1714, cuando fue suprimida por Felipe V.