Momentum

 

Momentum

 

A veces,
aunque solo una vez basta,
cuando los fundamentos
físicos o morales de la vida humana
comienzan a temblar;
cuando  se enfurece
el demonio sutil de la tristeza,
y parecen oírse, aunque lejanos,
los resuellos arcaicos del abismo,
se hace más evidente que nunca
aquel refrán existencial del filósofo Heidegger:
Nur ein Gott kann uns retten
(
Solo un Dios puede salvarnos)

 

Excepciones en nuestra vida buena

 

              Los que tenemos la suerte, en este mundo finito, limitado, variable, injusto…, de llevar una buena vida, en el sentido de una vida buena, una vida más o menos saludable, económicamente sostenible; una vida activa y de convivencia, etc., acostumbrados a ese buen vivir, somos cada vez  más sensibles, más débiles, más pasibles también a la hora de cualquier prueba, de cualquier alteración en la salud o en el bienestar general. ¡Corazón de mantequilla…, ánimo de ratón casero!, podría decirnos  en esos momentos don Quijote, como se lo dijo a Sancho en la aventura  sobre el Ebro! Lo digo, al recordar a mi madre y a otros familiares, después de semanas de dolor de muelas, que volvían primero del barbero del pueblo y después del dentista, y seguían haciendo lo que hacían, como si tal cosas, trabajando en lo que trabajaban, sin dar quehacer alguno a nadie  y menos hacer un drama de lo que habían padecido.

Es nuestra patente vulnerabilidad de cada día; la vulnerabilidad, la debilidad de nuestro bienestar general, cada vez, cuanto más exquisito y delicado sea, menos resistente a la adversidad, al dolor, a las excepciones de cada día.

De tal manera, que en los momentos de mayor molestia – y yo no puedo decir otra cosa más grave-,  para suavizar su vergüenza y hacerse perdonar (por Dios y por sí mismo) su debilidad y encontrar una paz justa interior, uno tiene que pensar en personas cercanas con graves enfermedades, con operaciones de calado, y en los penosos conflictos humanos de nuestro mundo, en los que reina el dolor, la desolación y la muerte, a fin de poner las cosas en su sitio y relativizar sus provisionales desasosiegos. Y confesar la fe en la comunión de las cosas santas entre los santos (los creyentes y no creyentes), donde nada se pierde y todo se transforma en favor de todos los hijos de Dios.

El títere Sánchez

 

                 Al títere Pedro Sánchez, en el anverso de maese Pedro (Ginés de Pasamonte), le mueve solo desde Waterloo o Ginebra (escándalo al que vamos acostumbrándonos) el prófugo de la Justicia Carles Puigdemont, por medio de la continua extorsión y del polivalente chantaje.

Tenemos un Gobierno y un Parlamento intervenidos desde Ginebra (mediador internacional) o desde Waterloo (Puigdemont).

Y un Consejo de Ministros, que aguarda dos horas y media el nuevo chantaje o la nueva extorsión para firmar lo que les mande en el último minuto -detalle del que hasta alardean los ministros y ministras- el Jefe Supremo, primer Títere del Reino de España.

(Podríamos titular, de ahora en adelante: Crónica general de la degradación de un Gobierno que se llama europeo)

El castro de Miravalles

 

                                     De los dos accesos al castro y castillo de Miravalles en Huarte-Uharte, elegimos el oriental, que parte del final de la calle Ohiana (el bosque) y sube junto al viejo depósito de aguas. Nos damos en seguida con las ruinas horizontales del viejo monasterio medieval de San Esteban, hace años bien presentadas y ahora muy mal conservadas, cubiertas parcialmente por la vegetación. El camino, en su primera fase está arreglado y es cómodo, pero en una segunda, en ciertos días como hoy, barroso, rocoso y costoso (de cuesta). No debe de parecerlo así a muchos solitarios, parejas y hasta grupos familiares, siempre más jóvenes que nosotros, que lo recorren y hasta lo saltan, como vamos viendo, con toda facilidad.

Todo sea por poder contemplar desde aquí la plataforma de Pamplona en lontananza neblinosa, entre Mendillori y la catedral; el chafarrinón inferior de Burlada y Villava, frente a nosotros; a nuestros pies, Uharte, tan recrecido, junto a sus huertas cuadriculadas en la ribera de Arga, y, a nuestra espalda, cuando dejamos de contemplarla, la milla de oro del Valle de Egüés, abrillantada por el sol primaveral de esta mañana de invierno, con su capital verde, Sarriguren, y sus pimpantes y variados palacetes de Gorraiz, Alzuza, y Olaz.  Más cerca tenemos el corro pintoresco de las nuevas casas de Olloki, primer pueblo del contiguo Valle de Estribar, que ha pasado de 25 habitantes en 2005 a 1.100 en 2022.  Dan ganas de poner en medio del corro el viejo palacio de cabo de armería, de la tía Margarita de Francisco de Javier, hoy restaurante de moda. En el vecino extenso y singular polígono Ollokilandia-Urbi, sobresale la gran superficie blanca de los laboratorios CINFA, gloria de la industria farmacéutica navarra.

No hay mucho que decir del castro de Miravalles, en torno a 4.500 metros cuadrados, según Armendáriz, que lo descubrió, tres veces menor que el cercano de Sarriguren. Con una altura de 587 metros, estuvo vivo desde el Bronce Final y en él se encontraron cerámicas manufacturadas de esa ´poca y del Hierro posterior. Tenían sus habitantes los ríos Arga y Ultzama a unos cientos de metros y una visión privilegiada sobre los valles en torno a la futura Pompeiopolis.

Ni que decir tiene que estructuras y defensas prerromanas se acomodaron al castillo medieval de San Miguel y a una ermita levantada en el siglo XVI. Con sus piedras y sobre sus piedras se erigió en el siglo XIX (1837-1876) un fuerte fusilero, aprovechado, según circunstancias, por carlistas y liberales.

Hasta ahora no se han llevado a cabo las anunciadas obras de reconstrucción del castillo.

 

(Una sencilla, en principio, intervención quirúrgica dental  me tendrá durante unos días fuera de juego)

La boda de Caná

 

 Jn 2, 1-12)

Creación joánica
parece ser todo el relato
de una boda judía, más bien grecorromana.
Una bella parábola nupcial: 
Jesús es el novio de Israel,
                según Juan el Bautista, solo amigo del novio,               3,29
y la fiesta es la boda de Cristo con su pueblo.

Tras llamar el Maestro a sus primeros discípulos,
fueron invitados a una boda en Caná de Galilea,
a la que también fu invitada la madre de Jesús.
Cuando esta mujer y madre le dice a su hijo
que no tienen vino los novios,
Jesús, igual que en otras señales narradas por Juan,
parece de pronto negarse, porque siempre quiere obrar
según los tiempos y fines -¡la hora!- de su misión.
Lo hará también esta vez de un modo asombroso,
como nadie podría imaginar:
hasta quinientos o seiscientos litros de vino excelente
van a dar las seis tinajas, que hace llenar de agua,
puestas allí  para las purificaciones de los judíos.

El agua de la vieja Ley se convierte en vino festival,
bello símbolo, según los profetas,
del banquete compartido de los días finales,
prometido también por Jesús de Nazaret.
No sabe el maestresala el origen del vino,
pero sí los que han visto lo que ha hecho el Maestro.

Es el vino abundante y mejor de la vida del Dios de Israel,
anunciado por Jesús en el Reino que comienza.

El castro de Sarriguren

 

                               Termina la semana de sol y hielo de este enero suave y luminoso. Dejamos el coche en la avenida de Navarra, y la torrecilla metálica de la nueva parroquia es nuestro faro para acercarnos al castro de la Edad de Hierro. Atravesamos de sur a norte la ladera verde, el jardín inglés de Sarriguren (¿Espesura lozana, crecida?), donde solo conservan sus hojas dos extraños eucaliptos, y divisamos a lo lejos  el muro de la vieja iglesia románico-gótica de los siglos XIII-XIV, que domina el cerro de 465 metros. Pudiera creerse que el viejo concejo del Valle de Egüés, y capital hoy del Valle, es una superficie plana, porque en terreno plano están plantadas la mayoría de las viviendas, pero no: Sarriguren es un hoy por hoy un lugar de más de 15.000 habitantes en torno a un pequeño cerro, circundado por dos regatas: el Barranco Grande y Karrobide (Camino de hielo).

El entonces pequeño lugar llegó a tener 80 habitantes en 1877 y 12 casas en 1800. En 2005 quedaban 5, y, un año más tarde, comenzó la construcción de la llamada Ecociudad de Sarriguren, que mereció en 2008 el Premio Europa de Urbanismo, concedido por los arquitectos europeos.

Nos entretenemos en ver en la calle de Santa Engracia, la iglesita ex parroquial, dedicada a la santa mártir zaragozana, alegre de palomas, y su camposanto adjunto, con algunas muestras de estelas y sepulturas de piedra; la casona con torreón de sillar regular, con saeteras y palomar, y la actual Casa de la Juventud, otra casona con hermoso portal, hoy símbolo de la diversidad, ante todo aviar, con nidos artificiales en sus cuatro costados para mochuelo, gorriones, vencejos, abubillas… Nos llama la atención en una de las dovelas del templo la pequeña escultura de la Virgen, llamada por los cristianos orientales galactotrofusa (María amamantando al NIño), imitación acaso de las vírgenes egipcias (Isis), pronto imitadas en todo el Oriente. Yerbines cubren una gran extensión en lo que un día fue castro, y después iglesia, atrio y plaza. Todo es limpio y hermoso, pero en algunos cuadros crece la maleza en forma de olivardas, cardos carderos e hinojos, todos ya secos. Por encima de las líneas de casas actuales sacan la cabeza el Malkaitz, espolón que defiende los Valles de Egüés y Aranguren, y, un poco más lejos, la Higa de Monreal.

El lugar estuvo habitado, al menos en el Hierro Antiguo y Final, en tiempos romanos , y en el Medievo hasta hoy. Ya Taracena y y Vázquez de Parga encontraron cerámicas romanas; Amparo Castiella lo estudió de cerca y halló cerámicas manufacturadas y torneadas de tipo celtibérico, molinos de mano, y la empresa Trama tres necrópolis de incineración, donde hoy se halla el Colegio Público –La Playa grande I y II, y Lezaun– con restos muy deteriorados por el laboreo secular de la tierra. Después lo estudió también Armendáriz

Naturalmente del sistema defensivo del castro no queda ya nada, pero sí es fácil imaginar su primitiva estructura, sus baluartes, fosos y terraplenes, dando la vuelta a la cima del cerro, o, como hacemos nosotros, bajando por el flanco oriental, pasando por la Calle Mayor, hasta llegar al lago donde saltan los cinco surtidores occidentales.

Era en su tiempo un oppidum muy bien  relacionado geográficamente con los de Miravalles, Gaztelu, San Cristóbal, Mendillorri, Pamplona, San Cristóbal, Puno, Monreal…

 

Un arzobispo social para un presidente delincuente

 

                         El popular arzobispo de Nueva York, cardenal Timothy Dolan, abrirá la celebración  de la toma de posesión de Trump como presidente de los Estados Unidos de América, a petición de este. Como en 2016. Dolan no se enfrentó al presidente durante los cuatro años de su mandato, salvo cuando  perdió las elecciones en 2020 y sus seguidores asaltaron el Capitolio: entonces Dolan le acusó de avivar las llamas. Pellizcos de monja.

Pero el recién nombrado arzobispo de Washington, el actual arzobispo de San Diego en California, en la frontera con México, Robert McElroy, es otra cosa. Varias veces ha criticado las políticas contra los inmigrantes del potentado político republicano; se ha hecho notar por sus iniciativas pastorales en favor de los inmigrantes; ha denunciado las trágicas consecuencias del cambio climático en la vida de las personas y de los territorios; le  han llamado hereje por acompañar en el seno de la comunidad a homosexuales y divorciados, y ha sido uno de los más activos defensores de la mujer en la Iglesia.

No se sabe si es por eso o por qué, la cosa es que, a su vez, Trump ha nombrado embajador en el Vaticano al católico Brian Burch, presidente de la plataforma Catholic Vot, todo un azote para Francisco, para la que, por ejemplo, la sinodalidad, uno de los temas y lemas más caros a este papa, es una artimaña, y cosas ejusden furfuris.

En un país, donde varios exprelados, como el  excomulgado ex nuncio Viganó, han tratado también al papa Francisco de hereje,  vamos a ver lo que dan de sí, en un futuro próximo, tales protagonistas.

¿Fin del excidio en Gaza?

 

                          Mientras continúen los mismos contendientes, la situación no cambiará mucho, aunque siempre es bueno que muera la menos gente posible. En este momento, Hamas ha quedado notablemente mermado, pero no fuera de juego. Y Netanyahu y los suyos enormemente reforzados. Por otra parte, el nuevo y único árbitro, Donald Trump, es más parcial que nunca y más veleidoso que nadie. La Unión Europea, más inútil que nunca, y la ONU, habituada ya a su irrelevancia. Como la Liga Árabe.

La Comunidad Apostólica (V)

 

                         Ene este capítulo de Mat 18, el evangelista afronta la cuestión del conflicto comunitario a través de dos parábolas. La primera de ellas, propia de Mateo, trata del hermano que con su conducta es motivo de escándalo. La parábola de la oveja perdida, a la que hay que ir a buscar, aun dejando durante un cierto tiempo a las demás, nos enseña que cada uno es responsable de los otros y por ello los hermanos deben corregirse y animarse mutuamente. La segunda parábola, propia también del mismo redactor, la del siervo sin entrañas, que, siendo perdonada su deuda de diez mil talentos por su señor, no supo perdonar, a su vez, al compañero que le debía solo cien denarios. quiere decir que debemos perdonar setenta veces siete, es decir, en toda ocasión, pero no podemos pedir perdón al Padre, si nosotros no perdonamos primero a los hermanos con los que vivimos.

Mateo inserta entre ambas parábolas unas sentencias sobre la autoridad en la comunidad -atar y desatar en la tierra y en el cielo-, extendiendo a los ministros de la comunidad los poderes conferidos a  Pedro. Y otras sentencias sobre la oración en común: Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.

He aquí la comunidad como sacramento de Jesús, es decir signo eficaz de la presencia del Maestro; comunidad que continúa su misión intercesora ante el Padre Dios, acompañada y protegida por el Espíritu del Resucitado. Toda comunidad, aun la más pequeña, es sacramento de Jesús de Nazaret, el Cristo, el Ungido de Dios.

De mi archivo adolescente (VI)

 

                      (Selecciono esta carta, ahora ya no de un condiscípulo, sino del padre espiritual, don Martín Elizalde, natural de Sangüesa, que había sido aquel año de 1951-1952 encargado de nuestro curso, último de Latín y Literatura, pero ya en el pabellón de Filosofía. Venía de ser párroco de Murillo el Fruto, y pocos meses después de esta carta iba a ser nombrado, qué coincidencia, párroco de Mañeru, donde sucedió a don Manuel Irigaray, natural de Peralta, muerto el 25 de noviembre de 1952, que llevaba en mi pueblo desde 1919, Sucedió a un famoso párroco ex agustino de El Escorial, don Heriberto Morilla Luengos, natural de Matanza (León), que propuso comprar las tierras del vecino y casi despoblado Soracoiz para dar trabajo a la numerosa juventud sin trabajo de Mañeru y se armó la marimorena, con la consiguiente salida del clérigo revolucionario, como otro día contaré. La carta de don Martín, seguramente respuesta a una mía que no recuerdo, reproduce un estilo de espiritualidad muy habitual en aquel tiempo, y solo por eso merece la pena conocerla)

 Mi querido Víctor Manuel  (…)  Te arrastra el mundo porque te alejas de Dios y de ti mismo. Tú, tan pensador de cosas bellas, dejas desbordar el impetuoso torrente de tu imaginación, de tus sentimientos y de tu propio corazón por terrenos que jamás te han de dar otra cosa que que espinas y abrojos. No te has comprendido. Te estás condenando a ser el eterno sediento. Buscas lo ideal, lo infinitamente bello, el amor sublime… y te  ilusionas que todo eso se halla en la criatura siempre miserable y tornadiza.

Hermosuras humanas… flor que se marchita en unos momentos. Amor… del corazón humano que, cual inquieta mariposa revolotea sin detenerse en ninguna parte. ¿Entiendes? Ni es eso lo que ambicionas. Ni es eso lo que te llama.

Tu sacerdocio en el cual sueñas desde niño… tu sacerdocio… vivido como tú serás capaz de vivirlo… colmará tus aspiraciones infinitas. Jesucristo… su amistad sentida en esas largas y tranquilas visitas de cada atardecer… Derrama tus penas y tus ilusiones en la acogedora soledad de tu sagrario. Saldrás nuevo si sabes entenderte con Él.

Tu vida espiritual… generosamente vivida… sin regateos ni medias tintas… sin concesiones inquietantes…,, será la única solución para que disfrutes de la dulce paz.

Se lo pide al Señor para ti tu affmo. Martín