Me uno desde aqui a la tristeza, a la queja y a la protesta manifestadas en el reciente comunicado de las cuatro confesiones religisosas mayoritarias en España ante la discriminación y delitos de odio por motivos religiosos, que gozan en nuestro país de una tolerancia social incomprensible. En España se profanan templos y símbolos; se hace burla y escarnio público de los referentes más sagrados de la fe religiosa de millones de personas con total imunidad y tolerancia. El comunicado se refiere expresamente a los últimos carnavales, pero los hechos intolerables se extienden a lo largo de todo el año. Me bastan y me sobran estas líneas del comunicado para volver a insistir que en nuestro país la libertad de expresión, entendida como un derecho absoluto y sin límites, y cierto odio anticlerical, antieclesial y antireligioso, que perdura todavía como herencia de tristes épocas históricas campan por sus respetos (es decir, por su falta de respeto), encuentran acogida fácil en el poder judicial y son cultivados sin reparo alguno en buena parte de la población. Este odio se ha refugiado en el ámbito del arte y del humor, que, según toda la inmensa progresía, son intangibles y extrajudiciables. Por lo cual quien quiera injuriar, difamar, denigrar, escarnecer cualquier figura, hecho o referencia religosos le basta presentar su producto como artístico-pseudoartístico, o en un contexto artístico-pseudoartístico, humorístico o pseudohumorístico, para que tenga siempre todas las de ganar ante los jueces, los medios de información, las redes sociales y la opinión pública. – Sólo tengo un reparo que hacer al comunicado de las cuatro Confesiones, reparo que extiendo al lenguaje jurídico de las leyes en vigor. Las ofensas hechas a la fe, a las creencias de cualquier ciudadano no sólo ofenden los sentimientos, sino también las convicciones y las acciones del mismo, es decir, ofenden a todo el hombre. El hombre es razón, voluntad, sentimiento y acción, todo a la vez. Decir sólo sentimientos parece como que afectase a una parte, y a una parte inferior, superficial, voluble, del hombre, Es un grave error.