Monasterio de Yarte

 

   Una acacia nos introduce en el primer recodo izquierdo, camino del pueblo alto de Lete, y un nogal casi nos lo vela todo con su  corpulencia. Cuando llueve, el acceso es de yerba y barro.

Han quitado aquellos chopos lombardos y suizos que daban antes un aire al conjunto. Pero han quedado enhiestos, lanzales, los que acompañan al  regato que, a sus espaldas, corre  a perderse en el cercano Arakil.

  A comienzos de este siglo limpiaron y restauraron  la iglesita románica (s.XII)  del viejo  monasterio femenino de Santa María de Yarte, que guarda en su interior alguna pintura gótica del siglo XIV.  Se ha quedado sola, exenta. con sus muros de mampostería. con su graciosa espadaña sin campana, su pequeña linterna y las lajas rugosas de su tejadillo.

El rey Sancho el Mayor y su esposa donaron el monasterio de monjas de Yarte al abad Leoario de Albelda, y en 1045, su hijo García el de Nájera lo donó al monasterio benedictino de Irache, junto con el pueblo de Lete y  su término, a cambio del castillo de San Esteban de Deyo.

El templo, así como la vecina casa-palacio y la casería de la entrada, ambas en pleno abandono y derrumbe, asaltadas por los zarzales, son propiedad particular.