Fuera de Cataluña tenemos la impresión de que la llamada escola catalana consiste en la lengua catalana como único instrumento de enseñanza, y en contenidos catalanistas, en todo aquello que sea posible, Dentro de Cataluña, por lo que leo al historiador Joaquim Coll en EP, también. Desde el comienzo no fue así. La primera ley de normalización lingüística (1983), aprobada frente a Convergencia i Unió, que prefería la separación por lenguas, impuso la no separación y el bilingüismo, incluyendo el derecho del niño a recibir la primera enseñanza en su lengua materna y la obligación de la Administración a respetarlo. La primera inmersión en la lengua catalana fue un ensayo llevado a cabo en Santa Coloma de Gramenet, entorno castellano parlante, cuando el conocimiento del catalán era muy exiguo y su enseñanza difícil de obtener. Pero desde alli y por medio de los llamados decretos de inmersión fue ésta extendièndose por toda Cataluña, hasta llegar a la segunda ley de normalización en 1998, que introdujo la ley del catalán vehicular, pero sin excluir el derecho del niño castellanoparlante a la primera enseñanza en su lengua materna ni el adecuado uso de ambos idiomas en los planes de estudio. Fue en la última etapa tras el polémico segundo Estatuto (2006), y en el primer Gobierno PSC-ERC, cuando el consejero socialista-nacionalista Ernest Maragall (hoy independentista en las filas de ERC) impulsó la tercera ley normalizadora (2008), que instituyó la exclusividad del catalán como lengua vehicular y abrió paso a la situación actual, en la que se han saltado a la torera las sentencias del Tribunal Constitucional contra esa exclusividad, y a favor de la obligación de un 25%, al menos, del uso de la lengua castellana, etc. Porque lo que se busca es el monlingüismo y se utiliza la lengua como instrumento primordial de la construcción nacional. Ninguna evaluación, seria y rigurosa, ha confirmado hasta hoy el éxito de la fórmula nacionalista impuesta en la escola catalana. El PISA se lleva a cabo sólo en catalán. Y, según testimonios múltiples, como el de Coll, buena parte de los niños de habla catalana se expresan mal en castellano y su léxico es muy pobre. Así que tenemos en Cataluña una sociedad democrática de dos lenguas oficiales con un sistema monolingüe, caso único en el mundo democrático de hoy. Una lengua propia, y una lengua impropia: la del Estado, la castellana, tratada como tal, degradada y aherrojada.
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