Obispos norteamericanos frente a Trump

 

     Al presidente de la ley y el orden, que llama imbéciles a los 50 gobernadores por no saber controlar la situación, ni poner fin al caos y la anarquía, impuestos por terroristas domésticos, tras elasesinato, el 25 de mayo, por un policía del ciudadano de color negro, George Floy,  cada día se tiene menos miedo y menos respeto. Cuando después de decir esas necedades, acudió  desde la Casa Blanca la cercana iglesia de St. John´s, cuyo sótano ardió en los disturbios del 1 de junio, y con la Biblia en la mano se fotografió delante de ella, la obispa episcopaliana de esa comunidad, Mariann E. Bude deploró públicamente que el presidente utilizase su  templo como decorado  en una acto propagandístico, en el que dejó un mensaje antitético de las enseñanzas de Jesús, y sin pedir permiso previo. Cuando, el día siguiente,  el presidente  Trump visitó el santuario Juan Pablo II en la capital, el arzobispo católico Wilton D. Gregory censuró que cualquier instalación católica fuera tan atrozmente manipulada.

Muy otra fue la actitud del candidato Joe Biden, católico por cierto, que visitó una iglesia en Wilmington, donde se reunió con una docena de líderes negros, donde prometió abordar en sus primeros cien días la realidad del racismo institucional y la brutalidad policial. Muchos obispos católicos publicaron notas de protesta y de condolencia. El presidente de la Conferencia Episcopal, arzobispo de Los Ángeles, J. H. Gómez, condenó el hecho sin sentido y brutal, un pecado que clama justicia al cielo. Y añadió, entre otras cosas: Durante demasiado tiempo se ha tolerado el racismo (…) Necesitamos erradicar de una vez la injusticia racial que todavía infecta demasiadas áreas de la sociedad. No sin condenar secundariamente los incendiios, saqueos y violencias habidos en la posteriores manifestaciones, apelando a la memoria de Floyd en clave de justicia y de paz.