Nos ha caído, aunque sea por pocos votos de diferencia, un nuevo secretario general de la UGT, sucesor del veterano Cándido Méndez, abrasado por los ERES y Cursos de Frormación en Andalucía. Del asturianao José María Álvarez Suárez, catalanizado Josep María Àlvarez i Suàrez, los que no entendemos mucho de cuestiones sindicales sabemos su proximidad al Gobierno de Artur Mas, lo que le valió el premio de catalanismo Lluis Carulla, y no sólo su silencio absoluto ante la deriva independentista. ¿Para hacer imposible el surgimiento de un sindicato independetista en Cataluña? Esa es, desde hace muchos años, la excusa de siempre. En esta ocasión se suma la competencia de CC.OO. de Cataluña, en la misma órbita de acercamiento al nacionalismo catalán de Iniciativa y de todos los derivados del viejo PSUC. UGT se ha convertido en una verdadera cantera de cargos públicos independetistas, como la abogada del sindicato, Neus Munté, consejera de la Presidencia de Mas y portavoz ahora de Puigdemont; la consejera de Trabajo, Dolors Bassa, y el delegado del Gobierno catalán en Barcelona Míquel Àngel Escobar, ex jefe de prensa y portavoz de Àlvarez. Para acallar las voces de los que le recordaban, estos días, su posición favorable al derecho a decidir, el asturiano-catalanista Àlvarez recordó que él hacía suya la Declaración del 3er Comité Confederal de noviembre de 2015, que, en lo que toca a Cataluña, parece redactado por él mismo. En el punto VI, Construcción de un nuevo modelo territorial y político (sic), dicho Comité no muestra, no, preocupación alguna por la deriva independentista, con todas sus graves consecuencias, del Gobierno de Artur Mas, sino por el enquistamiento de los desencuentros entre el Gobierno de la Nación y el de la Gneralitat de Catalunya, de encontrar vías de diálogo que den un salida razonable y consensuada a la insatisfacción que muestra una amplia proporción de ciudadanos y ciudadanas catalanes [¿ y no catalanas?]…,, y apuesta, claro, por el nuevo mantra de la reforma constitucional, con mayores niveles todavía de autogobierno y a la vez, (para que todo sea perfecto), de solidaridad y cohesión social, que implicará, (aunque no se diga cómo ni cuáles) cambios competenciales, financieros e institucionales. El Comité confederal reclama de los Presidentes del Gobierno catalán y y del Gobierno español -¡siempre, como se ve, igualados en responsabilidad y culpabilidad!- que aparquen las posiciones numantinas que han mantenido hasta el momento, y busquen esa vía (angelical) de salida consensuada entre todos. Como en tiempos de Maragall y Zapatero. Y ahora viene el apéndice sutil del derecho a decidir, ¡que increiblemente aprobó la UGT de España!: Esta reforma constitucional debe ir acompañada de la introducción de mecanismos extraordinarios de consulta ciudadana que permitan que la ciudadanía participe de manera decisoria en materias de especial relevancia pública, así como de la fijación de instrumentos de control democrático capaces de acotar actuaciones abusivoas de los gobiernos. Este parrafito, seguramente de mano de Álvarez, haría las delicias de PODEMOS, si lo conocieran-. Para el nuevo secretario general de la UGT de ESpaña, España es un Estado, Cataluña una nación y un pueblo soberano, con derecho a decidir su futuro. Mala noticia la de hoy.