Necrópolis «visigodas» en Navarra y Álava (III)

 

                      Dejemos ahora a un lado otras necrópolis menores en el País Vasco, como la de la ermita de Santa María de Finaga (Basauri) Vizcaya),  o la de Los Goros (Hueto Arriba,  Álava), y  vayamos a las dos grandes referencias en nuestro vecino territorio alavés, en lo que hace a necrópolis «visigodas», que son la de Aldaieta (Nanclares de Gamboa) y San Pelayo (Alegría-Dulantzi.

Descubierto el cementerio el año 1987, en una de las orillas meridionales del embalse de Ulíbarri Gamboa, sobre el río Zadorra, un año más tarde que el descubrimiento del de Buzaga, en Elorz (Navarra), tenía 100 tumbas en tierra y, probablemente, muchas más en lo que hoy es agua embalsada.  Varios arqueólogos, y en especial Azcárate, el arqueólogo director de las excavaciones, han escrito mucho no solo sobre la realidad del yacimiento, sino también, y sobre todo, sobre su interpretación.

En una de nuestras excursiones a parajes cercanos al embalse -playas de Garaio, Landa, Marieta…-, tomamos el carretil que bordea buena parte del mismo a fin de  llegar al yacimiento y nos acercamos al pueblecito de Nanclares de Gamboa – Langara Gamboa, pueblo costero, al sur del bello lago, con menos de veinte habitantes. Tiene una iglesia alta, subida a un altirón, hoy vendida a un particular, y en su entorno un ramillete de casas-jardín. El recodo del embalse más cercano al pueblo es un refugio bullicioso de aves de paso. Nos encontramos con una señora que vive en la parte baja, en la antigua casona parroquial, y nos indica el camino hasta la necrópolis, un camino áspero y bastante alejado del lugar. Volvemos para atrás, al otro lado de la montaña y, al ver abierta la puerta que conduce al Club Náutico de Álava, Aldayeta,  seguimos adelante en busca de información. Un pequeño paraíso perdido, silencioso y misterioso en este sábado por la tarde. No hay nadie a la vista y entramos en el recinto, donde encontramos, en la primera sala, a un grupo que juega a las cartas. Parecen ser los únicos. Se sorprenden de que hayamos entrado sin ser socios, les decimos qué buscamos, y dos de ellos nos acompañan y nos señalan la dirección de la necrópolis (mejor, de lo que fue en su día), pero nos advierten de la dificultad de llegar hasta ella, en el límite de la tierra con el agua del embalse. Caen una gotas y, a pesar de ellas, nos ponemos en camino. que nos mete en el bosque. Pero pronto, y después de haber leído todo lo que hay escrito en la red sobre Aldaieta, nos damos  por perdidos, estamos mojándonos y la tarde va de capa caída. Así que, tras llamar al Club para que nos nos abran la puerta, que nosotros encontramos abierta por casualidad, volvemos  de nuestro intento por llegar a ver el sitio exacto de la famosa necrópolis.

El caso es que durante las excavaciones que duraron siete años,  bajo la  dirección de Azcárate, se encontraron un 60 por ciento de enteramientos de varones y mujeres de todas las edades, desde el siglo VI a comienzos del VIII, con ajuares de todo tipo de  armas: 60 puntas de lanzas de hierro; 20 espadas de corte de un solo filo (scramasaxes), utilizadas en el norte de Europa; 30 hachas de combate, llamadas franciscas (francesas);  diversas cerámicas; vasos de vidrio, de tradición romana… Los ajuares de los varones eran mucho más importantes que los de las mujeres. Aparte de las tumbas individuales, se encontraron también fosas colectivas e hileras superpuestas de restos humanos, tal vez familiares. En el cercano Alto de Espikuletxe se descubrieron restos de un castro fortificado, pero no hay certeza entre los arqueólogos de que fuera el poblado correspondiente a la necrópolis.

Estudios de ADN llevados a cabo por el Departamento de Genética, Antropología Física y Fisiología Animal de la UPV, en 2008, demostraron que era grande la relación familiar entre los aquí  enterrados y que el sustrato genético de la población de Aldaieta se enmarca  dentro de la variabilidad que presentan las poblaciones naturales de la cornisa cantábrica y del eje atlántico, lo que indica la existencia de flujo génico entre estos grupos humanos de ´´épocas antiguas.

El arqueólogo alemán H. W. Böhme llegó a pensar que se trataba del enterramiento de los soldados francos del ejército de Childeberto I y Clotario muertos en la batalla, tras la expedición del año 541.  Azcárate, en cambio, afirma, una y otra vez, que se trata de una sociedad vascona muy semejante  a la más próspera de la Europa tardo antigua, cuya industria armera era propiamente alavesa. Para lo cual aduce la existencia de la próxima ferrería de Bagoeta, a solo 4 kilómetros, y descubierta también por él.