Necrópolis «visigodas» en Navarra y Álava (II)

 

                             En 1986, Juan María Martinez Txoperena y  J. M. Pastor Elorriagaren descubrieron en el término Buzaga, de Elorz, una necrópolis, de 100 metros cuadrados, muy deteriorada por el  continuo cultivo del terreno y el largo saqueo de los clandestinos. La excavaron y estudiaron después  Agustín Azcárate, Castiella, Beguiristain, Medrano y Ramos. En los ajuares de las tumbas fueron encontrando 21 lanzas, 20 cuchillos, varios scramasaxas, varias puntas de flecha, dos puñales, siete placas de cinturón, una veintena de hebillas arriñonadas de cinturón…

En el término de Sansurdin-Gomacin, de Puente la Reina, Beguiristain estudió en 1995 tres tumbas de  entre los siglos VI-VIII, correspondientes a un varón joven, una mujer y un niño, tal vez un neonato. En ellas encontró una punta de lanza rota de hierro, una hoja de cuchillo de hierro, dos fragmentos de aro, un pendiente y un anillo de cinta plana.

Casualmente,  durante unas labores en el  campo  de Arróniz, se encontró una placa en bronce de cinturón visigodo (s. VI-VII), con hebilla fija rectangular y aguja escutiforme decorada con motivos geométricos, y la placa con dibujos incisos que representan dos caballos. Fue donada al Museo de Navarra. Tras la invención, Maluquer de Motes llevó a cabo una inspección in situ, pero sin que pudiera aportar nada nuevo.

Manuel Medrano Marqués nos dio a conocer en los años 2001 y 2002 los yacimientos de Tudején y Sanchoabarca,  descubiertos en 1997, donde encontró placas de cinturón, agujas de hebillas y hebillas de cinturón, broches de placa escutiforme, osculatorios (removedores de perfume) de bronce, ponderales (pesas) del mismo metal, sortijas, una cruz pata visigoda de bronce, todo ello de  los siglos VII y VIII;  monedas musulmanas, y hasta restos de una iglesia o monasterio cristiano y necrópolis aneja.

Con motivo de la modernización del regadío de Ablitas, se encontró el año 2008 una necrópolis de 200 metros cuadrados y 38 sepulturas, correspondientes a los siglos VI, VII y VIII. Eran fosas simples, con los cadáveres en decúbito supino, orientados hacia Occidente. Con diversos fragmentos cerámicos, pero sin ajuares  funerarias, como en la necrópolis precedentes.