Entre los años 407-409, dos miembros de la aristocracia local pamplonesa, Dídimo y Veriniano, reclutaron un ejército de siervos rústicos y lograron detener la penetración de los suevos, álanos y vándalos en los puertos del Pirineo, pero pronto lograron estos expandirse por toda Hispania. El año 449, los suevos depredaron las Vasconias. En el valle medio del Ebro hubo sublevaciones de bagaudas, colonos y esclavos, a veces procedentes de territorio vascón que se rebelaron contra los dueños de los grandes latifundios. Los últimos emperadores romanos enviaron expediciones militares, que en la segunda parte del siglo fueron confiadas a tropas visigodas aliadas del Imperio. Desde el año 472, los visigodos controlaron la provincia romano-hispana tarraconense. La presión de los francos obligó al reino visigodo, que tenía su capital en Toulouse, a abandonar las Galias y a internarse en Hispania. Fue decisiva la batalla de Vouillé, cercano a Poitiers, el año 507, en la que el rey franco Clodoveo venció al rey visigodo Alarico II (484-507), que murió en la batalla.
Fueron constantes luego las luchas de los reyes godos hispanos contra irrupciones y rebeliones de vascones, que tomaron parte también en los frecuentes litigios internos de la tormentosa monarquía goda. En el año 581 el rey Leovigildo fundó la ciudad de Victoriaco (Vitoria o Iruña-Veleia), y en el año 621 el rey Suintila la ciudad de Ologicus (Olite), ciudades de la retaguardia goda.
En julio de 1895, se descubrieron en el término de Argaray, de Pamplona, cerca de la actual plaza de toros, restos de una necrópolis de tiempos visigodos, de la que había memoria desde el siglo XVII, al llevarse a cabo las obras para la conducción de agua desde Arteta a Pamplona. La estudiaron los ilustrados Florencio Ansoleaga y Juan Iturralde y Suit. Era un centenar de tumbas excavadas en tierra, revestidas de lajas de piedra, con los cadáveres en decúbito supino mirando hacia Poniente. Había también una fosa circular común. En el espacio de la necrópolis encontraron dos monedas de oro del reinado de Suintila (Saldaña y Zaragoza), numerosas hebillas de hierro y bronce, placas de cinturón, agujas de bronce, un brazalete del mismo metal, zarcillos de bronce y plata, sortijas de plata, bronce y oro, cuentas de collar de vidrio o pasta vítrea y otros objetos de adorno; armas (también en sepulturas de mujeres y niños): cuchillos, puntas de lanzas y flechas, conteras de bronce, hoz de hierro, 3 scramasaxas (nombre inglés de un cuchillo sólido, de un solo filo), y diversas cerámicas.
En 1965, en el número 4 de la vecina calle Amaya, se descubrieron dos tumbas con solo huesos, que María Ángeles Mezquiriz juzgó como pertenecientes a la parte oriental de la necrópolis descubierta en 1895.