En el décimo aniversario de la institución por el papa Francisco de la Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación, este año con el lema que preside esta entrega, el papa León XIV ha querido enviar al mundo un mensaje esperanzador. Comienza recordándonos que el Espíritu de Dios, al decir del profeta Isaías, es capaz de transformar el desierto, árido y reseco en un jardín, lugar de descanso y serenidad, donde habitará el derecho y la justicia morará en el vergel, y la obra de la justicia será la paz, y el fruto de la justicia la tranquilidad y la seguridad para siempre.
Palabras proféticas que caen como agua fresca de verano sobre una Europa arrasada por los incendios, atormentada por la guerra de Ucracia y de Gaza, y dudosa y escéptica por la nueva política norteamericana que domina y degrada todo Occidente. No digamos sobre las tierras más pobres y sufridas de otros continentes.
Pero en este tiempo ecuménico de creación, que este año del Jubileo se extiende del 1 de septiembre al 4 de octubre, será necesaria no solo la oración, sino la voluntad y las acciones concretas que hagan posible la caricia de Dios sobre el mundo, como reza la célebre encíclica Laudato si, que fue el punto de partida de la Jornada.
Injusticias sin cuento, violaciones del derecho internacional, desigualdades, codicias, deforestaciones, y sobre todo guerras atroces destruyen la naturaleza y afectan sobre todo a los más pobres, marginados y excluidos.
Recogiendo lo más enjundioso de la citada encíclica de su predecesor, el papa actual nos dice que es hora de que las palabras de todos pasen a los hechos, y elogia particularmente la iniciativa de Francisco Borgo Laudato sí, en Castegandolfo (proyecto de educación en ecología integral), deseando finalmente que esa ecología sea cada vez más elegida y compartida por todos.