Las «hipérboles» de Casado

 

           A los excesos verbales, a las palabas incendiarias, a los gruesos insultos de Casado al presidente Sánchez, llaman «hipérboles» los amigos del presidente del PP. No. Llamarle traidor de «alta traición» a la Constitución y a la Democracia española; o felón; comparar el desbarajustado diálogo don el Gobierno catalán con el diálogo con  ETA, y otras pullas por el estilo es mucho más que una hipérbole, que significa sólo superación (lanzamiento sobre). Es un lenguaje inapropiado, excesivo, insultante, demoledor, de mal estilo, de poca finura. Es un lenguaje exasperador y belicoso, que lleva tal vez a donde no se quiere llegar. Casado es un excelente orador, más intenso que Rivera – pectus est quod dissertos facit, dijo Cicerón-, con una facilidad inmensa de palabra, sin una mácula gramatical, pero con cierta propensión a la desmesura. No le conviene. No le añade nada positivo. Le resta credibilidad y autoridad. Echa estopa y gasolina al tradicional fuego nacional y se presta a aparecer como el gran causante de la crispación política, que es donde le esperan los que tampoco tienen autoridad alguna en ese punto, como el mismo Sánchez, el que llamó a otro presidente del Gobierno, y a bocajarro, indecente.

Suele decirse que cuando no hay ideas y proyectos, se insulta al enemigo. Casado tiene ideas y proyectos, gusten más o menos -lo veremos en mayo-, y por eso es más imperdonable su procacidad verbal. Que otros, como Rivera, o incluso socialistas, como Vázquez, digan lo mismo o parecido no disminuye la responsabilidad de un aspirante a la presidencia del Gobierno.