Cuando algunos de nosotros estamos celebrando el 70 aniversario del Consejo de Europa (5.V.1949), en cuya Asamblea Parlamentarie estuve desde 1982 a 1986. Y cuando celebramos el mismo aniversario, tras el Congreso de la Haya de 1948, del Consejo Federal Español del Movimiento Europeo (9.II.1949), que echó a andar en Navarra en 1987 y lo fundamos oficialmente en 1989. Cuando nos alegramos igualmente de que aquel Consejo Navarro lo hayamos recuperado en Pamplona y su provisional comisión ejecutiva haya viajado, estos últimos días, a Madrid, donde todos los Consejos autonómicos españoles han celebrado la fiesta común, leo en el excelente e intrigante libro de mi amigo, el filósofo y escritor navarro Gregorio Luri, La imaginación conservadora, cosas como ésta: Europa no se atreve a decir dónde acaba, y, en consecuencia, le cuesta saber quién es, y, si no sabemos quiénes somos, mal podremos cerrarle puerta a ninguna nación que crea sentirse europea. Se nos llena la boca con retórica sobre el «proyecto europeo», pero no sabemo con precisión en qué consiste, y los que nos atrevemos a hablar orgullosamente de «civilización europea, debemos asumir las consecuencias de semejante incorrección política.
Gregorio Luri escribe muchas más cosas sobre Europa, que iré comentando otros días. Pero quería ante todo, dejando hoy a un lado la rusiente política nacional, celebrar la insttución septuagenaria de mi queridos Consejo de Europa y Movimento Euopeo.