Las Candidaturas de Unidad Popular, marxistas, trotskistas o maoístas, con elementos anarquizantes, independentistas catalanistas mayoritariamente, pero no en su totalidad, que vienen creciendo desde 1979, aglutinando varios grupos de la llamada extrema izquierda, y administrando unos pocos pequeños ayuntamientos en las provincias de Gerona y Lérida, han sido los protagonistas de las últimas semanas en la vida política de Cataluña. Su antiinformalismo y su proclamado anticapitalismo es evidente, su asambleismo también. Pero pasarán a la pequeña historia por su incapacidad de decidir en el espacio y en el tiempo oportunos. Y quien no sabe decidir no sabe gobernar. En esto se parecen al sindicalismo anarquista, hegemónico en Cataluña desde 1910 a 1937. Pero en el siglo XXI no se puede ser un partido político, que es lo que dicen ser, sin saber decidir. Por lo que las CUP se dividirán más tarde que pronto, y sus componentes se irán a su casa, entrarán en ERC o en Podem/ Podemos, o seguirán, como hace unos años, ganando algunas concejalías en algunos pequeños municipios de Gerona y Lérida.