Curiosísima me parece la entrevista en EP semanal con el periodista italiano Emiliano Fitipaldi, autor del libro que ha hecho furor en Itaiia, Avaricia, sobre las finanzas vaticanas. Agnóstico, pero bautizado a los diez años por decisión propia, volvió a perder la fe y no quiere presentarse como ateo, sino como agnóstico, que vota siempre a la izquierda. El periodista del diario laico español, Jesús Ruiz Mantilla, no consigue arrancarle más, a pesar de sus insinuaciones burlonas: La fuerza del teatro, lo ritual, que se contagia tanto... Cuando habla Fitipaldi de su estudio de la filosofía, salta su entrevistador: ¡Un gran antídoto! Lo que admite el entrevistado. Cuando Mantilla le advierte que, tras publicar el libro, si queda cualquier resquicio de fe en la Iglesia, salta por los aires, Fitipaldi le contesta resuelto que no es un libro sobre la fe, sino que habla de la gestión de las finanzas por parte de la curia romana, y hace entonces un férvido elogio de la Iglesia de base en todo el mundo, añadiendo sobre la obra: Habla de sus jefes que, obligados a dar ejemplo, son los peores de todos. Por eso le asombra y preocupa que el papa Francisco lo haya tomado tan mal, cuando lo que dice buscar el periodista inculpado es ayudar a la transparencia que quiere el pontífice y cooperar con su reforma. La verdad es que algunas cosas que cuenta Fitipaldi sobre el manejo y el reparto del dinero del Vaticano son atroces. Creo que el papa, aparte de condenar la ilegalidad del procedimiento de unos y otros, lamenta el daño que puede hacer todo esto en el mundo por la manera de contarlo y seguramente por las inexactitudes y aún falsedades que habrá en la información, que a toda costa buscan estos periodistas estrellas, que no tienen como primer fin, pecisamente, el bien de la Iglesia, y hasta reconocen, como en este caso, la disparidad de fuentes, unas honestas y otras no: otras no, buscan un interés concreto, una venganza, no perder influencia o poder. De todos modos, el papa Fancisco desea por medios más humildes y discretos, acabar con toda esa podredumbe, pero sin escándalos que hagan más mal que bien. Fitiipaldi afirma, por otra parte, que hasta los curiales que rodean al papa y fueron nombrados por él no son de fiar, y, aun sin llegar a la trágica conclusión, que le sugiere Mantilla, evocando la muerte de Juan Pablo I, deja en el lector la duda de que las reformas que Francisco quiere llevar a cabo nos lleven de nuevo al Lampedusa literario; que todo siga igual. Me interesa menos el proceso y las zozobras del encausado. Me importa mucho más que sea cierto que la Iglesia en Italia posea un 25% de la propiedad inmobliliaria, o que continúen ciertos contubernios con los poderes terrenales, aunque no sean el berlusconismo y la mafia, que cita el periodista español. Entretanto, a una con el controvertido Fitipaldi, yo también creo en la intención del papa que trasmite los valores del Evangelio, y espero que continúe de verdad con lo que ha prometido hacer.