¡Ahora resulta que el nacionalista catalanista autonomista de toda la vida, el amigo del rey de España, el adalid de la gobernabilidad española, el sostén y báculo del PSOE y del PP cuando hiciera falta, con tal de que Cataluña se quedara con los réditos correspondientes, el español del año elegido por el ABC y aceptado sin muchos ascos…, el eximio Jordi Pujol se nos ha hecho separatista y votaría, en un hipotético referéndum, a favor de la independencia de Cataluña! Como ese pastor de ovejas, venido de Jaén, que apareció en el progama como un deus ex machina, más pujolista que pastor, para decir lo mismo. Jordi Évole, nacido en Cornellá, el Follonero, alma del programa Salvados, uno de los programas más vivos, realistas y entretenidos de toda nuestre televisión, consiguió retratar la contradicción del ex presidente autonómico catalán en forma de bravatas sin argumentos, de decepción sin causa, de preocupación, de duda, de remordimiento, de penosidad. No es cierto que la sentencia del Tribunal Constitucional haya sido la madre del cordero, sentencia que no hace más que trazar los límites constitucionales que el segundo Estatuo también había traspasado. Hay que ir hasta la Declaración de Barcelona, de 1998, cuando, tras la senda de ETA-PNV y su Pacto de Estella, se desviaron Convergencia y el BBG (Galeuzca) y se declararon para empezar confederales, sin decirlo claro. Allí pidieron y exigieron a la Constitución española lo que ella no puede dar, saltándose a la torera el carácter plural de la Nación española -frase histórica del catalanista, padre de la Patria, Miquel Roca i Junyent-, negando a España el carácter de Nación y apropiándose ellos solos del talismán del concepto y de la palabra. Luego todo ha sido victimismo, protesta, colaboración-no colaboración, repudio del PP y pacto con el PP, acuerdos y desacuerdos con Esquerra Republicana, vergonzantes referéndums independentistas, acuerdos con el PSOE y rechazo del PSOE-Tripartito catalán… No me extraña que una conversación a fondo de la España cotidiana (Jordi Évole) con ese hombre, culto, inteligente, español ahora en la intimidad y catalanista de bandera, recocido en su contradicción, tenga a la fuerza que ser -como lo repitió el personaje al fin del programa, visiblemente trastabillado- verdaderamente penosa.
