La ignorancia de la Biblia

 

         Hablaba yo ayer de la ignorancia en general de muchos devotos fieles. Pero hoy añado, una vez más,  la específica ignorancia  religiosa de una buena parte del clero y de muchos fieles, comenzando por la ignorancia de la Biblia, de la formación de sus libros, de los géneros literarios, del método crítico histórico, hoy ya común en el estudio del Antiguo y Nuevo Testamento. Muchísimos católicos piensan todavía, al modo de los fundamentalistas protestantes, que la Biblia hay que leerla e interpretarla al pie de la letra, como si fuera la relación de un médico forense o la retrasmisión de un partido de fútbol. Ignoran, porque nadie les ha enseñado, que los historiadores antiguos no escribían una crónica tal como hoy la entendemos, sino poniendo, v.g., en el personaje del relato las palabras, los discursos o las enseñanzas acordes con sus convicciones y con el momento y lugar de la alocución. Si triste es la ignorancia de todo esto siempre, lo es particularmente en el llamado Relato de la Pasión, particulamene en el discurso de Jesús en la última cena, según Juan;  en los interrogatorios de la noche de la Pasión; en las Palabras de Jesús en la cruz, o en los «fenómenos» acaecidos a la muerte del Crucificado. Como todos los años, se repetirán en demasiadas iglesias y capillas las mismas  falsedades exegéticas los mismos lugares comunes sentimentales, las mismas simplezas espiritualistas, y hasta las mismas crueldades del Hijo entregado por el Padre a la muerte, o dejado a su suerte por Dios… Una Pasión redoblada por la ignorancia y la irrresponsabilidad de quien debiera servir al pueblo con su esfuerzo, su estudio y su diligencia pastoral más esmerada.