«Angelitos somos…»

 

         El Mércoles Santo, como en otros muchos pueblos de la zona media de Navarra, los chicos de Mañeru nos poníamos una corona con ramas de espinos en la cabeza y recorríamos el pueblo con las las matracas cantando, con una entonación como de bando jocoso, la siguiente letrilla:

A la una / la mula. / A las dos / tira la coz. / A las tres / las cruces./ A las cuatro / se rematan./ A las cinco / el sermón. / A las seis / la procesión. / A las siete / los oficios. / A las ocho / las tinieblas. / A las nueve / coge la bota y bebe. / A las diez / otra vez. / A las once / llama el conde. / A las doce / le responde…

Está claro que esta primera parte era, si quitamos esa rústica y vulgar entrada, lo mismo que la morcilla de los versos de las nueve y de las diez, la letrilla del ancestral pregón que tal vez cantaban antaño por el pueblo los monaguillos anunciando los actos del Jueves Santo por la tarde. Tal como lo recuerdo aquí, no he visto esa letrilla completa en ninguna parte, pero debía de ser muy parecida en otros sitios.

Y seguía la segunda parte del canto pregonero, que traen, con algunas variantes, los trabajos de Iribarren y de Jimeno, que recopilan las letrillas que se cantaban en muchos pueblos navarros los días de Miércoles y Jueves Santo :

Alto divino / Alto secreto: / ¿Dónde está mi Dios? / En el monumento, / cerrado con llaves / que parece muerto.

Son los versos más bellos de las letrillas. A los que siguen, en primer lugar, los dos más utilizados durante todo el año, en todas las cuestaciones públicas que hacían los muchachos, sobre todo en Navidad y Reyes, y que se encuentran en casi todas las tradiciones populares:

Angelitos somos, / del cielo bajamos, / agujas pedimos / para el monumento. / Si no nos quieren dar,/ las chicas pagarán.

En esta ocasión lo que se pedía eran agujas, alfileres mejor, para trabar las telas de las sábanas, paños, damascos, etc., con los que se armaba antes el monumento al Santísimo el día de Jueves Santo. En mi tiempo ya no hacíamos la cuestación propiamente dicha: ya no hacían falta agujas, porque no se ponían telas en el monumento. Iribarren escribe que en Aoiz se remataba el estribillo tradicional así: Si no nos quieren dar, / a las puertas llamarán. Jimeno da otras versiones, como: Si no nos quieren dar, / las puertas pagarán. O: Si no nos quieren dar, / las gallinas pagarán, pero sin indicar el pueblo donde se cantaban tales variantes.