Hasta Durán i Lleida, uno de los diputados más sensatos, ha dado su nota estridente al declarar que la dignidad de Cataluña está por encima de cualquier sentencia. Otro que juega y se divierte con Cataluña y la dignidad, como si fueran su patrimonioo exclusivo. El día en que apareció el unánime editorial de los diarios catalanes sobre la dignidad de Cataluña y la indignidad del Tribunal Constitucional, un lector de La Vanguardia (antes Española) -diario que siempre estuvo al servicio del poder constituido, cualquiera que fuese-, escribía entre otros comentarios de los lectores: Justo lo mismo que dijo Hitler a las masas en 1934. El problema es que la historia demostró que poner la dignidad de un pueblo por delante de la ley es convertir a ese pueblo en esclavo de las ideas que unos pocos consideran como dignas. En el fondo, se trata de la vieja aspiración confederalista-soberanista de negar la nación española y de pretender que España sea una nación más junto con Euskadi, Galicia y Cataluña. Y ya que aprobaron un día la Constitución de 1978, Durán y Pujol incluidos, se trata de enmendar por vía estatutaria lo que no podrían hacerlo por vía de reforma constitucional coherente con el texto. Sirviéndose de la debilidad ideológica y político-electoral de Zapatero, responsable máximo del disparate del Estatuto catalán, por mucho que lo hubieran cepillado (Guerra diixit) en las Cortes. Ahora queda de nuevo el victimismo y no sé qué dignidad a todo trapo. – Yo quiero hoy, víspera de la Constitución Española, celebrar la dignidad de toda España, de la Constitución, y con ellas, la de Cataluña también, como es natural. No sólo la de unos malos políticos catalanes, que, ante el probable fallo del Tribunal Constitucional, temen con toda razón por lo que ellos llaman su dignidad, es decir: por el bochorno que temen tras haber hecho tan mal las cosas.
