La Comisión Europea, tras cinco años de fracaso de su propuesta de reparto de cuotas de refugiados a todos los países de la Unión, renuncia por fin a esa política y propone ahora ciertos mecanismos de solidaridad a la carta con el fin de que todos puedan contribuir a resolver el mayor problema que en estos momentos tiene la Unión. Y no solo porque varios países del Este se oponían tenazmente a tal reparto, sino porque otros países del Norte y del Oeste tampoco veían con buenos ojos una política que consideraban demasiado blanda para con la inmigracón irregular.
Según el nuevo plan, los Estados miembros podrán acoger contingentes de refugiados, asumir la gestión del retorno de inmigrantes irregulares o contribuir a pagar los gastos de las políticas que se apliquen en los paíse más afectados. Se trata, además, de blindar las fronteras exteriores de la Unión -Grecia, Italia, España…- y de hacer mucho más eficaz la devolución de los inmigrantes irregulares, cuando más de un tercio de los mismos no son verdaderos refugiados sino inmigrantes económicos. Difícil y ardua tarea. No parece que pueda tener más éxito que hasta ahora, si al mismo tiempo los Estados afectados y la Unión entera no llegan a llevar a cabo acuerdos y pactos con los Estados africanos y asiáticos de donde procede esa inmigración irregular, Estados a veces fallidos o incapaces de cualquier regulación y hasta de cualquier acuerdo. España puede dar en algunos casos ejemplo de acuerdos de este tenor.
Por otra parte, queda todavía la opinión del Parlamento Europeo, muy dividido en esta cuestión, y de la resolución del Consejo de Ministros.