Jesús en el Evangelio de Mateo

 

         Este Evangelio, que habla del reino de Dios hecho realidad en Jesús, contiene la célebre profesión de fe de Pedro en Cesarea:  Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo (Mt 16,16), que expresa el misterio de la persona de Jesús. En esa relación íntima entre Padre e Hijo tiene su fundamento ese misterio, la revelación traída por él y la Iglesia que de él arranca. Jesús aparece en este Evangelio como innovador radical en contraste con Juan el Bautista, porque trae el reinado de Dios, su Padre, y es el portador del espíritu que vence a Satanás. Él es también el Hijo del hombre, del que habló el libro de Daniel; la Sabiduría proclamada en los libros sapienciales; el nuevo Moisés y el Siervo de Yhavé, cantado por el profeta Isaías. Jesús insiste en estas páginas en su relación personal, filial, transcedente con el Padre (Abba = Padrecito mío), de quien ha recibido todo. En cuanto ese reino se instaura en la tierra, es la ekklesía, el pueblo de los santos de Dios. Por eso la  confesión de Pedro es un reconocimiento del Hijo como único mediador entre Dios y ese pueblo. El reino que nuclearmente existía en los discípulos de Jesús se configura después en la  Iglesia, que recibe de Jesús el mandato de difundirse por todo el mundo por medio del bautismo, como hizo él mismo al comenzar su vida pública, y por medio de la nueva profesión de fe en la obra salvífica del Padre, del Hijo y del Espíiritu Santo.