Jesús en las cartas del apóstol Pablo

 

         Saulo-Paulo, el apóstol Pablo, es el  autor de varias cartas públicas, redactadas a lo largo de  los años 50, que son los primeros escritos cristianos,  Las dos ideas centrales de su cristología son la preexistencia eterna de Cristo y la adoración de éste como Kyrios (Señor) -otro título habitual de los emperadores romanos-,  pero ambas son anteriores a él, quien se limitó a interpretarlas y adaptarlas a la predicación en las primeras comunidades cristianas helenistas. La idea de la preexistencia tenía hondas raíces dentro del judaísmo, en la literatura apocalíptica y sobre todo  en la sapiencial: Daniel, Job, Proverbios, Sabiduría y Eclesiástés. De ahí arranca Pablo, que alaba a la Sabiduría de Dios existente antes que el mundo y activa ya en la creación. Jesús es esa Sabiduría, el Hijo de Dios desde la encarnación a la crucifixión, la elevación y, finalmente, el retorno. Cristo es también el único Señor que está por encima y contra los dioses y señores  adorados en el mundo. La comunidad litúrgica, como comunidad de Cristo, no tiene nada que ver con los cultos paganos, y tiene a Cristo como su único Señor y Salvador. Frente a los que en su tiempo creían, judíos o griegos, que el espacio entre Dios y el mundo estaba ocupado por fuerzas espirituales que regían éste último, el apóstol de los gentiles reivindica firmemente el primado de Cristo en toda la creación y en la historia, lo que se ha dado en llamar cristología cósmica, cultivada sobre todo en los últimos decenios. Cristo, como cabeza rectora del pasado, presente y futuro, de cielos y tierra. Segundo y último Adán, que vivifica y transforma al hombre viejo en hombre nuevo y celestial.