Esperanza y Belleza (III)

 

                  El miedo no es solo lo opuesto a la esperanza, sino también una forma negativa de la misma, un forma en la que no se deja de esperar, pero esta espera ya no es esperanza, sino angustia. El miedo espera el mal y espera mal. El miedo  suele llegar a ver a los otros no como portadores de salvación, sino como portadores de calamidades: la forma más deformada de esperanza.

Según Byung-Chu Han, el régimen liberal es un régimen del miedo, en el que las personas se aíslan para poder rendir. Cuando no tenemos otra cosa a que aferrarnos que el miedo, la vida se reduce a supervivencia y consumo. Las cosas que se hacen por miedo no son acciones abiertas al futuro, según el mismo filósofo. La forma en que la esperanza se enfrenta a ese miedo es el lenguaje, porque la esperanza es siempre elocuente y el miedo nunca es creativo. 

El lenguaje es a la vez terapia del pasado y pórtico del futuro. El lenguaje es confianza en lo que el interlocutor puede aportar con su existencia y experiencia al horizonte pobre de un yo enroscado soberbiamente sobe sí mismo. Nos abre a una realidad futura, gozable ya en el presente, un anticipo del misterio de la belleza 

Esa forma trata en primer lugar de aceptar los hechos, aceptar con humildad la parte ruinosa de nosotros mismos, y luego narrar esos hechos a nosotros mismos y a alguien más, y solo después dejarnos ayudar.

No hay esperanza, si no nos dejamos ayudar. La esperanza se levanta en la apertura al otro, y, en última instancia, al Otro, al absoluto.