Entre estas dos palabras-conceptos que inventaron los griegos, aporía (obstáculo que cierra el paso) y la utopía (lugar inexistente), está la cosa.
Me imagino que un día, tarde o temprano, contando con la irregular ley del progreso moral de los humanos, las cinco potencias que con su poder de veto controlan hoy, de un modo u otro, la política mundial, aun manteniendo tamaña anomalía, llegarán a un acuerdo de mínimos para impedir la grave violación de derechos en cualquier país por medio de severas medidas de castigo institucionales, económicas o militares, como se ha hecho, parcialmente, en algunas pocas ocasiones.
Mientras tanto, veremos impunes no pocos atropellos interiores o atropellos exteriores por parte de potencias que posean la terrible arma nuclear o por parte de países satélites protegidos por aquellas, y siempre bajo el temor, temor pánico, del estallido de una guerra nuclear que reduciría a la nada cualquier política civilizada, es decir, la mismísima civilización, que, como tal, es única en el mundo.