Espacio Schengen y demagogia

 

          Leo en todas partes numerosos artículos lamentando el declive y hasta el fin del Espacio Schengen, o Espacio común europeo, que nació del Acuerdo de 1995, cuando aduanas y fronteras parecían vestigios del pasado, que se tenía que enterrar como la guerra fría anterior. Pero es el caso que la llegada masiva de cientos de miles de refugiados y de inmigrantes no sólo de Siria, Irak y Afganistán, sino libios, egipcios, somalíes, sudaneses… han hecho que muchos países europeos hayan ido levantando, en este último año, vallas de todo tipo, mientras en Grecia se vive una crisis humanitaria sin precedentes. Y es que los Estados y Países de la Unión Europea, y menos que ninguno los Estados del Este, socios recientes de la Unión y los más pobres de la misma -Grupo de Visegrad-, no estaban preparados para tal avalancha. Pero no sólo los Estados del centro-este. Francia socialista cerró también un día sus fronteras tras los atentados terroristas, y después Bélgica, y luego Suecia y Dinamarca, todos ellos con gobiernos liberales. Y ahora Austria, con presidencia socialdemócrata, en vísperas de elecciones presidenciales, y bajo el lema Grenzmanagement (gestión de las fronteras), cierra sus fronteras del sur y del este, quebrando la euro-región tirolesa -a pesar de que sólo un centenar de migrantes habían atravesado los pasos alpinos en este año de 2016, frente a los 110.000 que han entrado en Europa por la ruta de los Balcanes- y limita a 3.200 el número de migrantes que pueden entrar en el País, y a 80 el de los demandadores de asilo. Pensar que Alemania va a hacerse cargo de todos los refugiados es pensar en lo excusado, y ya la oposición a tal inicial generosidad es alarmante en todos los sectores, los atropellos contra aquéllos se multiplican, y pueden romperse las costuras políticas, económicas y sociales del Estado más rico de la Unión. Mientras tanto, casi todos los informadores se convierten en moralistas y echan rayos y centellas contra la “Europa Fortaleza”, contra el egoísmo de los Gobiernos y contra las estructuras de la Unión, sin proponernos, por cierto, solución alguna viable. Ahora nos anuncian que el impacto del fracaso económico de Schengen costaría 138.000 millones de euros (10.000 para España). El 7 de marzo es la próxima cita de los 28 responsables europeos, junto con el presidente turco Davutuglu, para reforzar la salida turca a la crisis. Al menos, es una salida, y no una demagogia más.