Eremitorios y necrópolis medievales (II)

 

                            Nos consolamos de nuestro fracaso con una nueva visita, al volver, a la ermita de Santa María de la Piscina, uno de los edificios románicos más antiguos, completos y bellos de toda la Rioja. Está a un kilómetro de la aldea de Peciña, perteneciente al ayuntamiento de San Vicente de la Sonsierra. El nombre le viene de su fundación  por un supuesto testamento de don Ramiro Sánchez de Navarra, hijo ilegítimo del rey  García de Nájera, casado con Cristina Rodríguez, hija de Rodrígo Díaz de Vivar. El tal Ramiro habría sido cruzado en Jerusalén y habría atacado con sus huestes por el  lado de la piscina probática, episodio de curación evangélica. Pero historiadores solventes niegan la realidad de tal tradición.

Lo cierto es que la ermita fue levantada en 1137, y en 1537 fue grabada en piedra sobre la puerta de entrada la Divisa Solar y Casa Real de la Piscina: cadenas de Navarra, veneras, cruces de San Juan, lises de oro, aspas de gules, corona real abierta y sobre ella  terraza de plata con cinco azucenas, y la leyenda: Ave María Piscinae. Los diviseros de la Divisa, asociación dentro de la general Real Asociación de los Hidalgos de España, se reúnen aquí  cada 15 de agosto en una misa y en una junta anual. 

La ermita fue restaurada primorosamente en 1970 y compuesto todo su entorno. A unos 80  metros al oeste de la ermita, en una elevación del terreno  hay unos escarpes de roca caliza, con unos mechinales en la parte alta que servirían de soporte a las vigas para construir viviendas semirupestres o atalayas defensivas de las viviendas, entre los siglos XI al XIII. La necrópolis del poblado, del que no queda documentación alguna, se halla detrás de la ermita, hacia el sur, y fue utilizada desde el siglo XI al XIV. Suma 53 tumbas, antropomorfas las más antiguas, las posteriores de lajas y algún sarcófago exento. Una pila circular abierta en la roca podría ser, según algunos, una especie de pila bautismal de un supuesto templo anterior a la ermita actual.

Otro día, entrado ya septiembre, y a pique de comenzar la vendimia, dejando otros eremitorios y necrópolis de la zona para mejor ocasión, volvemos, en una nueva búsqueda, a los viñedos de San Vicente, esta vez al oriente de la villa, y teniendo a la vista el caserío de Peciña. Aunque caminamos un buen rato, esta vez el camino es muy dulce, pues caminamos entre tajos de uva blanca y uva negra en cepas gigantes de cosecha ubérrima, que fascina los ojos y ennoblece el paladar. Algún que otro almendro y algún que otro chozo o guarda-uvas son las excepciones en el monopolio vitícola del paisaje.

Por fin salimos a una pista ancha y bien cuidada sobre el barranco Hondo, y tan hondo como es, con una gran pendiente llena de maleza y algunas viñas bajas a los dos lados del cauce, donde crecen algunos álamos. ¡Ya está! Ahí  tenemos, debajo de nosotros, y de pie, el  roquedo, gris azulenco, que guarda un pequeño eremitorio (?) y muestra en su alta superficie la estampa habitual de las necrópolis. Un indicador de metal -¡a buenas horas!- grita: Necrópolis de San Pablo.

Por aquí estuvo el poblado llamado Artajona (buenos robles o encinas), del que no queda rastro, excepto esta necrópolis, que también lleva ese nombre, para nosotros tan familiar. Hay referencias del mismo desde 1083. La numerosas tumbas antropomorfas se excavaron la plataforma superior, a todos los vientos, durante los siglos IX y X. Muchas de ellas infantiles, orientadas O-E, con diferentes grados de inclinación. Intentamos bajar a los pies del peñascón, pero es imposible por la maleza que lo cubre todo; seguro que partiendo del barranco será más fácil, pero no tenemos tiempo para eso. Sabemos que el acceso con arco mide 90 cm. de ancho y 1´75  alto, y no llega a dos metros de profundidad. Hay un hoyo circular en el suelo, quizás para un poyo de altar, y dos hornacinas en los lados, acaso para dos cuadros o imágenes: toda la pinta para una capilla más que para una vivienda.

En otro lado de la roca inferior se recorta un lagar rupestre, tan abundante en otros lugares de la Rioja vitícola, como en San Vicente, Ábalos, Briones, San Asensio…, que otros días iremos viendo.