Nos lo enseñó aquel Marie Jean Antoine Nicolas Caritat, marqués de Condorcet (1743-1794), matemático, filósofo -el adalid del progreso indefinido por la educación-, biógrafo, enciclopedista, miembro de la Convención, víctima de los suyos hasta la muerte en una celda de Bourg-la-Reine, en su tratado Élements du calcul des probabilités et son application aux jeus de hasard, á la lotterie et aux jugements des hommes. No es cierto que la regla de la mayoría sea capaz de sintetizar de forma coherente la voluntad de una sociedad cuando se enfrenta a más de dos alternativas. Si la alternativa A es preferida a B y B a C, entonces A debe ser preferida a C. Y si cada votante respeta la condición de coherencia, no hay garantía alguna de que la regla de la mayoría simple genere un orden agregado que sea transitivo. Si el mismo grupo de votantes, entre A y B, elige A, y entre B y C, elige B, puede ocurrir que cuando se le ofrezca la elección entre A y C, elija C. – Dedicado a todos aquéllos que en un complejo de varias alternativas fundamentales y decisivas para toda una Nación, se lo juegan todo alegremente -ellos dicen que democráticamente-, como si de una cena se tratara, a cara o cruz. Y no me pongan el torpe ejemplo de Sudán del Sur, Timor Este o Montenegro, porque todos esos casos no tienen nada que ver con la situación española. Y Escocia, como se ha dicho mil veces, tampoco.