Pocas veces me he reído tanto en un asunto político tan grave como éste. La escenificación de Pablo Manuel Iglesias Turrión con su corte principesca de futuros ministros y la propuesta impuesta del próximo gobieno, justo mientras el rey recibía a Pedro Sánchez, fue un primer acto genial. Cuando llegó lo de » la sonrisa del destino», me estalló la carcajada. Con una misma bala de plata, escribe hoy ese genio del comentario que es es Rubén Amón, ha puesto fuera de juego a los dos: a Rajoy y a Sánchez. Así que cuando llegó la seria y gallega reacción de Rajoy, la entendí como un cuadro ulterior de la misma comedia de enredo. Y no digamos al oír más tarde la histérica respuesta del fontanero sin fontana, el socialista Luena. Así son nuestros personajes. Así el enredo. Así el arte escénico, ensayado durante tanto tiempo en el teatro político español, que obtiene su mejor fruto en este conjunto de cuadros escénicos sorprendentes, irónicos, mordaces. Vamos a esperar los futuros actos, que pueden ser muchos. – Mejor así que una tragedia. Mejor Talía que Melpómene.