¿El infinito?

 

    Era algo así como un inmenso mar en el que yo me precipitaba desde la altura. Un mar en lento movimiento, tal vez un mar de fuego o acaso de vivos colores, que reflejaran el fuego del sol. Sentí (viví) que no tenía salida alguna fuera de aquel espacio que me  abrumaba y superaba infinitamente. No tenía, es verdad, nombre ni señal alguna. Fue sólo cosa de segundos. Me desperté sobresaltado, pero el sueño se me acercó de inmediato, compasivo y acogedor.