El Consejo de Cultura

 

        Se refieren hoy algunas colaboraciones en los periódicos navarros al nuevo Consejo de Cultura, nombrado por el Gobierno de Navarra, con muy diferentes apreciaciones. Sin entrar en la calificación de los nuevos miembros, para lo que no me siento capaz, tengo que decir a brotepronto pero con alguna experiencia, que no sirve para nada. Ni ha servido hasta ahora: tampoco cuando yo fui parte de él. Salvo para satisfacer la vanidad de unos pocos, y la propaganda de los Gobiernos que pensaban y piensan así poner una pica en el Flandes de la cultura. Me dirá alguien que algo bueno hicieron. Sí, dos o tres cosas, que unos cuantos siempre elogian porque no tienen otra cosa que elogiar. Y ahí acaba la historia. Hace ya muchos años, cuatro caballeros, dos de ellos Medalla de Oro de Navarra, llevamos a las dos más altas autoridades de la política navarra un proyecto cultural ambicioso, por encima de colores y de siglas. Buenas palabras y después… nada. Por cierto, en una Comunidad cercana un proyecto casi igual se llevó a cabo con cierto éxito: ¿coincidencia o candorosa filtración? Lo cierto es, para no individualizar la cuestión, que Navarra necesita, tanto como una buena administración económica, una buena plataforma cultural -el nombre no es lo más importante-, en contacto con las tres universidades, rigurosa, abierta, profesional, autónoma sobre todo aunque esté sostenida por fondos públicos, por pública, que, por encima de partidos y de gobiernos, cuide el estado cultural de la Comunidad, con equipos activos de trabajo, formados especialmente por jóvenes talentos en unas cuantas especialidades troncales, al servicio de todos los navarros. ¿La cuadratura del triángulo? Porque, aparte la falta de imaginación y de entusiasmo por parte de casi todos, está el afán de todos los partidos gobernantes de querer gobernarlo todo, controlarlo todo, dirigirlo todo, Y más que nada, eso que se llama cultura, convertida cada vez más en sinónimo de espectáculo, comercio o/y propaganda.