Después del célebre soneto de Lope sobre el amor, no creo que haya entre nuestros clásicos un poema sobre el amor tan completo como el de Jorge Manrique (c.1440-1479), precedido por algunos de sus contemporáneos tan excelsos como Pedro de Santafé. Las cinco décimas de Manrique son verdaderamente singulares: Es amor fuerza tan fuerte / que fuerza toda razón (…) Es plazer en que hay dolores / dolor en que hay alegría (.. ) Es una catividad / sin parescer las prisiones (…) Es un modo de locura / con las mudanzas que haze (…) Todas estas propiedades / tiene el verdadero amor… Pero es mucho menos conocida otra de sus canciones, muy parecida en su factura al poema del marqués de Astorga, muy frecuente en su época, que no le va a la zaga y que es un prodigio de composición:
Quien no estuviere en presencia
no tenga en fe confianza,
pues son olvido y mudança
las condiciones de ausencia.
Quien qisiere ser amado
trabaje por ser presente,
que quan presto fuere ausente,
tan presto será olvidado;
y pierda toda esperança
quien no estuviere en presencia,
pues son olvido y mudança
las condiciones de ausencia.
¿Quién n0 recordará los versos posteriores de San Juan de la Cruz, en la estrofa 11 de sus Canciones entre el alma y el esposo?
Descubre tu presencia
y máteme tu vista y hermosura.
Mira que la dolencia
de amor, que no se cura
sino con la presencia y la figura.