De un diario inédito de guerra (V)

 

 25 de julio-30 de Septiembre

         

          Uno de los acontecimientos más impresionantes de los primeros días del movimiento fue el primer entierro de unos militares caídos en Guipúzcoa (…) Nunca se habrá visto en  XX filas tan largas en un entierro. Era la primera vez que requetés y falangistas aparecían en un acto semejante. Banderas, coronas, músicas fúnebres. Eran los primeros caídos de la guerra que venían a XX. Por eso aquella gran impresión. Han menudeado tanto después los entierros, que ya nos hemos acostumbrado a presenciarlos sin el dolor del primero.

La Diputación ordenó en uno de sus primeros decretos la reposición del Cristo en las Escuelas. Éstas estaban adornadisimas y con todos los niños dentro a pesar de ser vacaciones. Se trasladaron los santos Cristos en procesión desde la iglesia de XX. Emocionante. Más hombres todavía que mujeres, y con esto está dicho todo, pues sabido es que a actos de esta naturaleza acuden las mujeres como moscas a la miel. Rezos, letanías, cánticos… En las Escuelas, buenas pláticas explicando a los niños la significación del acto.

Nota típica de los primeros días del movimiento, los brazaletes. Se llevaban para poder circular con libertad por las calles. Había que ver qué interés el de todas las gentes por hacerse con uno de ellos; eran algo así como la patente de decencia; por eso todos los que en el pasado tenían alguna cosilla o cosaza (nacionalistas, izquierdistas, etc.) echaban el resto para adquirir uno. Era graciosísimo verlo; sobre todo cuando ya dejaron de llevarse por no ser necesario, se les veía a ellos que no se lo quitaban ni a la de tres. Hubo una temporada en que, a juzgar por los brazaletes, parecía que no había en  XX más personas decentes que los indecentes de antaño. Los brazaletes eran al principio blancos con un aspa roja. Luego aparecieron con los colores de F. E. (rojo y negro), bicolores (rojo y amarillo); (…).