La trampa, de la que ni se dan cuenta del todo los trampeados, de la izquierda–derecha, es decir, la de dividir y oponer el mundo en dos, se hace más visible estos días, cuando se hacen ímprobos intentos por reaglutinar la izquierda bajo la férula de uno u otro líder partidista. Todos hablan de izquierda, sabiendo que cada uno quiere decir cosas diferentes, salvo querer gobernar o no dejar el gobierno, pero nadie se atreve a decirlo, y menos a denunciarlo. ¿Qué tiene que ver, vg., la falsa izquierda de BILDU con la ingenua izquierda de la Chunta Aragonesista? ¿O la izquierda independentista de ERC con la izquierda del Partido Comunista de España? Y así podríamos seguir.
Pero a todos les sirve la trampa binaria, grosera, inexacta, injusta, a veces ridícula, para ocultar lo que cada uno es: comunista, populista, independentista… y poder así intentar una coalición para engañar o seducir a más gente, tener más votos, entrar en algún Parlamento, no perder ministros en el gobierno nacional, etc.
Sin querer decirlo, lo dice el mismísimo Rufián -cuyo nombre se presta a juegos de habla, en los que no quiero caer-, cuando afirma, vg., con esa impostura tan suya, tan bilingüe:
– A la ultraderecha no se para con siglas, sino con pueblos.
Es decir, eso (la unión, la eficacia de la unión) no se consigue con meros nombres (derecha-izquierda), sino con pueblos (es decir, siendo partidos independentistas, o al menos soberanistas, deconstituyentes, que quieren cambiar radicalmente la nación española). Pero la mayoría de esos partidos, por aberrantes que estén, no son en serio independentistas.
Y así en todo. Ya lo dijo hace tiempo uno de los primeros ideólogos de PODEMOS: que conoce 21 formas de feminismo y 27 de ecologistas… ¡Pero, entretanto, les sirve y les consuela la trampa de izquierda-derecha, es decir, dividir el mundo en dos!