Cosas de la Iglesia durante el verano (II)

 

                                      El 12 de julio, en la iglesia de San Francisco de Sales de Barcelona, adyacente al colegio de Maristas «La Inmaculada», con la presencia del prefecto para las causas de los santos, cardenal Marcello Smeraro, la Iglesia beatificó al hermano marista Lycarion (Francisco Benjamín May), nacido en Suiza, formado en Francia, que desarrolló su misión apostólica en Mataró, Gerona, País Vasco y, sobre todo en el barrio pobre de Pueblo Nuevo, en Barcelona, donde fundó y dirigió el Patronato Obrero de San José. Como es bien sabido, se quemaron numerosos conventos e iglesias en Barcelona y localidades cercanas, se profanaron cementerios, se agravió de muchas maneras a sacerdotes, religiosos y religiosas. Murió el franciscano Ramón Usó, herido de bala el día anterior, y también el párroco de Pueblo Nuevo, asfixiado en el sótano de la iglesia, donde se había refugiado. La noche del 26-27 de julio de 1909, fue incendiado el edificio del Patronato de los Maristas, y, la mañana siguiente, se abrió fuego contra los religiosos; el hermano Lycarion fue herido  mortalmente junto a la puerta y su cuerpo mutilado con piedras y machetes.

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Un año después de las primeras revelaciones, el célebre Abbé Pierre, fallecido en 2007, ha sido objeto de doce nuevas acusaciones de violencia sexual, de las que siete afectan a menores. Hasta ahora las acusaciones de violencia sexual contra él ascienden a 45. El  Movimiento Emaús, obra suya, y la Conferencia Episcopal Francesa han decidido llevar a cabo conjuntamente un plan de compensación económica a las víctimas, que llegan hasta los 60.000 euros por persona.

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El día 17 de julio, fue atacada la iglesia católica de la Sagrada Familia en la ciudad de Gaza por el ejército israelí, lo que causó la muerte de tres personas y las heridas de nueve. El papa León IV telefoneó al patriarca de Jerusalén y al párroco de Gaza -interlocutor habitual que fue del papa Francisco- expresándoles su dolor. El primer ministro, Netanyahu, llamó al papa, el día 18, expresando su pesar y atribuyéndolo a un error, pero el Vaticano, agradeciendo el gesto, esperó una seria investigación para conocer la verdad de lo sucedido. El día 22, le llamó el presidente del Estado de Palestina (lenguaje vaticano), Mahmoud Abbas. Desde Castegandolfo, Robert Francis Prevost, tras condenar, una vez más, la barbarie de de la guerra en Oriente Medio, apeló a la comunidad internacional a respetar el derecho humanitario y a proteger a las  a las personas civiles, así como a prohibir los castigos colectivos, el uso indiscriminado de la fuerza y el desplazamiento forzado de la población.

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En el 150 aniversario de la muerte de Hans Christian Andersen (Odense,1805-  Copenhague,1875), el genio romántico y gran figura de la literatura danesa, autor de los célebres cuentos (no solo para niños), sus mejores críticos  ponderan hoy el sentimiento religioso que inspira todos sus escritos. Nacido  y crecido en la Iglesia del Pueblo Danés, la Iglesia Evangélica Luterana, Iglesia estatal de Dinamarca,  vivió un cristianismo no dogmático, una religión del corazón y de las emociones ligadas a la naturaleza humana como punto de partida para el anhelo de Dios. Nada de infantil o ingenuo, sino devoto y reflexivo. Su visión de la muerte como momento de intensidad e iluminación como paso hacia un viaje eterno disuelve las estructuras épicas establecidas y las reemplaza con una exaltación musical y lírica de la experiencia momentánea. Algunos de sus temas preferidos son la naturaleza redentora del sufrimiento, la ascensión mística, la gracia divina, el cielo como esperanza. Y, como sus predecesores colegas, el francés Charles Perrault y los alemanes hermanos Jacob y Wilhem Grimm, aborda asuntos importantes  de la vida  humana como el abandono, la soledad, el abuso, la vida después de la muerte, el sacrificio o el perdón. Elementos religiosos se hallan en 166 cuentos de Andersen, de un total de 212. Podemos decir que en los cuentos de hadas  europeos el cristianismo es un componente esencial, especialmente en los cuentos de los hermanos Grimm y de Christian Andersen.