Cirauqui

 

Sobre piezas, viñas y olivares, levanta Cirauqui su estatura medieval y compacta: cerrada defensa vigilante sobre el cerro, bajo el que pasaron – y pasan- la calzada de Roma y el camino de Santiago.

Villa apetecida y hecha suya por los condes de Lerín hasta cuando no tuvieron más remedio que dejarla en paz. Fue también, junto a su Fuerte de San Cristóbal, en Montesquinza, lugar estratégico preferido por los aguerridos carlistas. Aún resuena en el laberinto de sus calles la leyenda de El Cojo de Cirauqui, guerrillero liberal.

En medio del caserío-fortín se engalla en un templetillo poligonal la torre de San Román, queriendo llamar la atención sobre su puerta lobulada, románico-islámico-cisterciense.

Cirauqui, en perpetua exposición  de sí mismo. Como una bandera al viento,