La Ascensión de Jesús al cielo

 

(Lc 24, 50-53; Hch 1, 9-11)

Lucas presenta a Jesús
como un sumo sacerdote mesiánico
que, al modo de Aarón y Simón, hijo de Onías,
bendice a sus discípulos, cerca de Betania,
cuando está a punto de ser llevado al cielo.
La bendición asegura y garantiza

el favor de Dios misericorde.

Según la teología,
simbólica y literaria de Lucas,
la ascensión es el punto de llegada de Jesús de Nazaret,
fiel representante del Pueblo elegido.
Con la metáfora bíblica
de la ascensión a los cielos,
con la que Dios acredita a su Hijo
-por encima de la vieja leyenda romana
que exaltaba hasta el cielo a cada emperador-,
culmina la metáfora pascual de los cuarenta días
tras la Resurrección de entre los muertos,
y toda su vida terrenal.

Una nube teofánica le oculta de los ojos de los suyos
y dos ángeles blancos los consuelan
con el anuncio de la inminente parusía.

Ellos vuelven con gozo a Jerusalén
y siguen en el Templo dando gracias a Dios,
antes de partir a predicar el Reino
por todo el mundo.