Cien años del «Domund»

 

                           Se cumplen cien años de la encíclica Rerum Eclesiae, del papa Pío XI, que sirvió de base para instituir, dos meses después, la creación de esta jornada misional con el fin de promover la corresponsabilidad de la iglesia en la evangelización de todos los lugares del planeta. Aquel gran hombre y sacerdote de la diócesis de Vitoria, Ángel Sagarmínaga Mendieta, rodeado de aquel grupo pionero de curas vasco-navarros: Echenique, Unciti, Goiburu, Saralegui…, primer director nacional de las Obras Misionales Pontificias, acuñó en 1943 el término Domund (Domingo mundial de las Misiones), y toda España vibró durante muchos años en favor de la causa universal misionera. ¿Qué niño o niña dejó de salir a la calle, un día como hoy, con una hucha en las manos, con cara de negrito o chino, a pedir a diestro y siniestro, sin rubor, por las Misiones?

Miles de misioneros españoles y europeos de todas las naciones daban fe de aquel entusiasmo. Mil sacerdotes, religiosas y religiosos, eran también los misioneros-misioneras de Navarra, repartidos por todo el mundo. Hoy, que vemos todo eso con cierta nostalgia; hoy que vemos a muchos misioneros polacos, africanos y asiáticos que nos evangelizan a nosotros, convertidos en países de misión con muy pocos sacerdotes, sabemos por eso mismo que la evangelización no era ni es solo cosa de los europeos, sino de todos los cristianos, y que tampoco era ni es sólo misión de sacerdotes y religiosos, sino también de los seglares o laicos, que en todo el mundo han venido a suplir, en buena parte, a los clérigos.

Otro mundo, otras formas, otros medios, y la misma necesidad de evangelización, donde siempre son pocos los obreros para la mucha mies.