No creamos que se trata de algo nuevo. O que sea el fruto largamente esperado de una reflexión profunda. No, no. Es otra forma de decir, de exaltar, de justificar, de canonizar la . izquierda, en esa absurda y hasta ridícula vieja costumbre de dividir el mundo en dos, volviendo a los arcaicos maniqueos, que hablaban de dos dioses que se dividían el mundo: el mal y el bien.
No pasa de ahí.