¿Y la mayoría de depredadores?

 

                  Me sorprendió el otro día el discreto arzobispo de Pamplona pidiendo que se hicieran públicos, para su condena pública, unos casos que llegaron a su conocimiento sobre depredadores de niños fuera del ámbito de la Iglesia.

Lo cierto es que, con cierta frecuencia, sobre todo en el diario gubernamental, reaparecen, un día sí y otro también, casos de abusos en alguna parte de la Iglesia. Pero, en cambio,  fuera de ella: en familias, asociaciones deportivas, colegios públicos… quiá, ni una sola mención. Silencio total. Y es el caso que, según todas la estadísticas sobre el nefando vicio, la inmensa mayoría de las depredaciones tienen lugar en el ámbito familiar, deportivo y escolar de cualquier tipo.

¿Será que no está de moda, que no tiene mordiente, que no es cosa de chisme, que no aparece tan grave la depredación familiar, deportiva, escolar de cualquier tipo?

¿O será que sería más expuesto, más cercano, más peligroso, más comprometido, y necesariamente, según las estadísticas, mucho más frecuente denunciar los muchos abusos en familias, más o menos conocidas; en establecimientos deportivos públicos; en colegios selectos reconocidos?

Qué tabarra, hombre, herir o difamar tanta gente conocida, a veces tan cercana, sin tener debe, un mal fraile o un mal cura, lejanos y casi siempre desconocidos, que apuntar…