Archivo de la categoría: Sin categoría

El fondo verdadero

 

               Hace ya un tiempo que, desde las páginas del diario digital The Objective, leemos  las opiniones más críticas acerca del gobierno de Sánchez, precisamente de manos de antiguos redactores de El País, el clásico diario gubernamental: Álvaro Nieto, Antonio Caño, Antonio Elorza,  Felix Azúa… Este último, doctor en Filosofía, catedrático de Estética, escritor y miembro de la Real Academia Española, escribiendo, bajo ese mismo título que encabeza esta entrega, sobre las canalladas del sanchsimo, sobre su cuadrilla de delincuentes, hace suyas las palabras de su colega Elorza en un artículo anterior: en que ya sufrimos un gobierno fascista disfrazado de progresismo.

Como soy fiel a lo dicho imperecederamente por Oriana Fallacci de que hay dos clases de fascistas: los fascistas y los antifascistas, me tomo, por si acaso, cum mica salis la expresión del académico, pero tomándomela en serio. Me alegra, además, que Azúa cite el libro de Applebaum, Autocracia S.A., que acabo de leer y de estudiar, y que sobre su eje repase la catadura de los socios de nuestro Gobierno y la de su presidente:

 A estas alturas es sensato decir que ya no hay partido político socialista en España, solo una organización mafiosa dedicada al desprestigio de la democracia en beneficio personal del caudillo, parasitado bajo las siglas de un partido histórico, el PSOE. Es decir, que estamos ya en una autocracia s. a. , según el análisis de Applebaum.

Refranero de Febrero

 

                     Una mano amiga me regala un racimo de refranes, preparado como una felicitación  de cumpleaños. A pesar de mi vieja afición a los refranes, no conocía la mayoría de ellos , fuera de Por San Blas /la cigüeña verás, y poco más.

Los más insisten en lo ya dictado por el adagio popular de Febrerillo, loco, así, en diminutivo menospreciador, lo mismo que Febrerico o Febrerín, como si de un locuelo, pillastre o sinfundamento se tratarainestable, inseguro, veleidoso, tornadizo, engañador. Entre enero y marzo, entre el invierno crudo y la primavera próxima, ni una una cosa ni otra:

Febrerico corto / un día peor que otro.

Febrerico orate / cada día un disparate.

Febrero / un día al sol y otro al brasero.

El sol de febrero / no dura un día entero.

En Febrero / se hiela la ropa en el tendedero.

Febrero febrerín / el más crudo y el más ruin (Aquí la rima fácil lleva al refrán al exceso).

Febrero, si treinta días tuviera / nadie con él pudiera. 

Febrero no es tiempo de frutos, ni de animales ni de vegetales:

La oveja que pare en Febrero / ni oveja ni cordero.

La flor de Febrero / no llega al frutero ( Por los hielos inminentes).

Pero, en fin, alguna cosa buena tiene Febrero:

Árbol podado en Febrero / tendrá fruto duradero.

 

Ultimos aforismos

 

Ser tirano -escribe Quevedo en su Política de Dios y Gobierno de Cristo – no es ser, sino dejar de ser y hacer que dejen de ser todos. El inhombre de Unamuno, Carente de humanidad y humanicida.

 

Nada más cruento que un corazón.

 

El totalitarismo democrático impone, por medios no despóticos, un único sistema de principios, valores y creencias, sin alternativa posible. Total. Y progresista. Fuera de ese progreso no hay salida ni posibilidad alguna.

Deber de…

 

                             Hoy ha sido también  el presidente Pedro Sánchez y Pérez Castejón, hablando por televisión. Y su ministro de Asuntos Exteriores y terror de los embajadores somnolientos, José Manuel Albares Bueno, también en el mismo medio. Los he visto y oído con estos ojos y estos oídos, ya muy desgastados, pero todavía activos y alertados. Llevo un largo tiempo viendo y oyendo al jefe de la Oposición, Alberto Nuñez Feijóo, cometer el mismo dislate.

No saben distinguir ninguno de los tres, además de otros muchos políticos y hombres públicos, el deber (verbo de obligación) y el deber de (verbo de probabilidad y suposición). Y a cada paso, cuando quieren decir una frase que indique un deber, un tener que…, dicen guapamente, gentilmente: debe de o deben de, destruyendo o aguando así el sentido de la expresión, dando una mala lección de gramática a los oyentes y teleoyentes, revelando pocas lecturas correctas, animando también ellos al pueblo soberano a malimitar a sus mayores.

¿No hay nadie por ahí que llegue hasta ellos y les haga una suave pero firme corrección gramatical y  fraterna?

De mi archivo adolescente (VII)

 

                  Encontré al azar entre mis papeles una carta de mi madre, del 26 de setiembre de 1952, con su preciosa letra clara, elegante, de largos trazos y  escrita con pluma. Me la dirige al Seminario, donde yo acabo de comenzar el primer curso de Filosofía, ya instalando en el primer  brazo septentrional, del edificio de Eusa, llamado  pabellón de Filosofía:

               Queridísimo Manolo: Quizá te extrañe esta carta, pero he pensado escribirte pues me parece muy largo esperar  hasta después de Ejercicios, ¡con lo poco que cuesta escribir y la alegría que se se siente al recibirla! Lástima que te llevaste la pluma buena y ahora me cuesta trabajo escribir con estas; cuando vaya por ahí, he de llevar las estilográfica a arreglar pero solo para mí; ya lo sabes. He escrito ahora a tía María  [hermana de mi madre, religiosa concepcionista, residente en Madrid] y también a Agustín [hermano de mi padre, canónigo y profesor en el Seminario de Pamplona], conque ya ves que no vas a ser tú menos pues quiero enterarte del resultado de la vendimia. ¿Sabes, Manolo, cómo nos pasó el tiempo el último día que te visité? Fíjate que a las 4 menos minutos llegué a casa [de su sobrina Eduarda o de su cuñada Ángeles], tenía que comer y a las 4 y media salía el último coche, conque no te digo nada los trotes que me armé, pero, vaya, llegué con toda felicidad para preparar la vendimia. El lunes, llovió mucho, no se pudo ir y ya ayer, sábado, acabamos. Alguna tarde fui a ayudarles un poco, ha hecho un tiempo estupendo, calor; hemos tenido 48 cargas; como ves, años hacia no había habido así; da gracias a Dios como yo se las doy. Tenemos en los lagos pa la cubica y alguna pipa, y lo demás la vendimos. Se vende mucha y mosto de todo compran, menos mal; así que Mañeru este año está de enhorabuena. Seguramente, Manolo, que no tendré ocasión de mandarte nada hasta las órdenes de Corpus [Corpus García Galdeano, seminarista de Mañeru, cinco cursos mayor que yo], pues esta semana no ha de ir nadie por ahí y la otra entráis en Ejercicios, así que puede ser.

Sabes, hijo, que te recuerdo muchísimo a todas horas desde las 6 de la maña que estoy bien despierta acordándome de tu gran pereza y en esos días de Ejercicios rezaré mucho por ti; aprovéchate cuanto puedas; ya me contarás tu impresiones, y si te ocurre algo pa que te mande me escribes que Agustín vendrá algún día de estos, creo yo. Y ya te dije que si te hacía falta dinero le pidieses, ya se o daré yo cuando venga. Me parece te estoy viendo en tu ventana diciéndome adiós; te recuerdo mucho cuando algún acarreador canta jotas; ya me decía ayer Antonio [tal vez, mi primo carnal mayor de todos , el primer hijo de mi tía Cruz, hermana mayor de mi madre]: ¿Qué, ya canta allí Manolo? 

Iré a visitarte del 15 al 20. He cocido algo de arrope y he hecho dulce de membrillo; cuido de los lagos y les ayudo en la bodega; como ves, no me falta quehacer. Andan todos atareados por demás; más tranquilos vivís vosotros. Voy a leer un rato. Ha comenzado  D. Santos a escribir en El Pensamiento; no sé si habrás leído. Estudia mucho, Manolo, que ya llegan las Navidades, y sobre todo trabaja por ser mejor; acuérdate en el mes que llega de encomendar a Dios y encomendarte tú a las almas de los que  te quisieron aquí y te siguen queriendo allá [el 16 de octubre es el cumpleaños de mi padre].

Y nada más, hijo, hasta la tuya. Muchísimos besos y abrazos,
Josefina.

Ayer murió Doña Poli Urra; reza por lo que le hiciste enfadar de crío. Adiós, majo.

 

«… Entonces ¿cómo puedes creer en un Dios justo?»

 

                            En la preciosa novela Lo que somos ahora, de la escritora norteamericana May Sarton -una sarta de diarios escritos en una malhadada residencia de ancianos-, habla la protagonista de sus desdichas con uno de sus pocos consuelos, el amable e inteligente pastor metodista que la visita,  a quien le pregunta:

-Entonces, ¿cómo puedes creer en un Dios justo? (…) ¿Qué me dices?

-No lo sé (Y se echó a reír). Quizá una parte de mí cree que hacemos posible a Dios cada día, igual que él nos hizo posibles, y nos falla cuando le fallamos. Tal vez la maldad sea algo  con lo que Dios no pueda lidiar por sí mismo, y seamos nosotros quienes debamos hacerlo.

–El cáncer, por ejemplo, murmuré. Cuando las cédulas normales enloquecen y empiezan a multiplicarse sin medida, ¿crees que Dios no es responsable de algo así?

-Quizá…

Ya era hora de cambiar de tema,, de modo que seguimos hablando de otras cosas...

***

La primera respuesta del pastor me parece muy acertada, porque distingue bien entre el Dios creador de un mundo finito, y por tanto imperfecto, sometido a las leyes naturales, y la autonomía del mismo. Es posible que ese último Quizá fuera una concesión amable, una expresión de duda real, o simplemente un reconocimiento de que Dios, como creador de un mundo que no es el cielo, pueda aparecer como responsable de todo.

Pero aquí el teólogo no es el pastor, sino la novelista May Sarton.

Un alegato por la unidad

 

              Pero la alocución de la obispa episcopaliana M. E. Budde delante del presidente Trump no fue solo una petición de compasión al presidente, que solo llenó un último párrafo de la misa, sino un verdadero alegato en pro de la unidad de la nación, de la comunidad humana, por encima de  la diversidad y de toda división. Una unidad asociativa y socializadora en unos Estados Unidos muy divididos en nuestros días en sus valores comunes por una cultura del desprecio y de una polarización, que corren el riesgo de destruir la dignidad y la igualdad proclamadas en la Declaración de Independencia de los padres fundadores, y objetivo primordial de los ideales fundacionales y del sueño americano.

Tras evocar la unidad evangélica y teniendo como eje el Sermón del Monte, recuerda la obispa anglicana tres fundamentos de esa unidad, heredados de las tradiciones y textos sagrados: la dignidad del  ser humano, que excluye todo desprecio, burla o descarte; la honestidad en el decir y en el obrar, buscando siempre la la verdad, y la humildad, propia de los seres falibles que somos, que impide la ciega división de los hombres  en buenos y malos.

Varias veces, en su rigurosa y muy bien trabada  homilía, la obispa Budde remarca la inutilidad de las oraciones sin sus correspondientes buenas acciones,  y lo aplica también a la oración oficial por la unidad de la nación, a veces solemne y hueca, si no va unida a la dignidad, honestidad y humildad que exige, incorporando la diversidad y trascendiendo todo desacuerdo.

Solo, después de decir todo esto, claro que más extensamente y mucho mejor, tiene pleno sentido el apóstrofe oratorio y dialéctico al presidente hablándole de los seres más vulnerables del país, que pueden temer de su nuevo mandato, y que pueden parecer extraños a esa unidad proclamada, por la que todos rezan oficialmente.

Y, como nos recuerda la parábola marcana del Sembrador, la palabra cayó en muy diferentes partes, y, al parecer, con muy diversos resultados

PD. Basta comparar la vacuidad de los discursos, más que oraciones u homilías, de casi todos los  representantes de las Iglesias, el primer día de la toma de posición de Trump, con esta verdadera homilía en la catedral de Washington, al día siguiente, para ponderar la calidad de la misma.

 

Trump va por ella

 

                      La obispa episcopaliana (anglicana) de Washington, Mariann Edgar Budde, ha estado recibiendo amenazas de muerte desde que, en el servicio religioso en la catedral de la inauguración del mandato presidencial, le pidiera al presidente Donald Trump compasión para todos aquellos que tienen miedo tras su llegada a la Casa Blanca: millones de migrantes y sus hijos, y miembros de LGTBIQ+

Comenzó el mismo Trump a mofarse de ella y a insultarla, llamándola izquierdista radical y otras  sandeces; continuó el equipo presidencial pidiéndole que  pidiera excusas al presidente, y siguieron después las amenazas. Hubo entre los republicanos quien pidió su deportación. Como en Rusia, Irán o Pakistán.

La verdad que esas evangélicas palabras, todo un alegato profético en la mejor tradición de los profetas de Israel y de Jesús de Nazaret, se ha hecho viral, como ahora se dice, y ha recorrido el mundo. Pasarán a la historia del coraje universal, junto al conocido mensaje de Martin Luther King.

Cuando ahora me piden que firme una iniciativa de adhesión a  M. E. Budde, lo hago con las dos manos. Espero que nuestra adhesión, que es asimismo protesta, sea multitudinaria,  y que frente a un presidente despiadado resplandezca la virtud de esa hija de la Iglesia cristiana, fiel a la persona y a la vida de Jesús de Nazaret.

 

 

Presentación de Jesús en el Templo

 

 (Luc 2, 22-40)

 

       (Lucas, evangelista pagano de nacimiento,
que escribe para cristianos venidos del paganismo,
parece confundir la purificación de la mujer judía,
que solía tener lugar en el santuario,
con la presentación-consagración  al Señor
de todo primogénito en Palestina,
que no exigía presencia en el templo)

Lucas se inspira en este supuesto viaje
de José y de María a Jerusalén

en el relato bíblico del niño Samuel («hijo pedido al Señor»),
presentado por sus padres Ana y Elcaná
en el santuario de Siló,
donde encontraron al anciano sacerdote Elí,
que bendijo al matrimonio.

Y nos habla de un cierto Simeón, hombre honrado y piadoso,
pobre de Yahvé,
que aguardaba el consuelo de Israel,
la venida del Mesías.

El Espíritu Santo le había revelado
que no moriría  sin haber visto
al Ungido del Señor.
Movido por ese mismo Espíritu,
encontró a Jesús con sus padres en el templo,
y, tomándole en sus brazos, bendijo a Dios
con un cántico compuesto en los círculos judíos de los pobres de Yahvé:
Lo mismo que Jacob pudo morir tranquilo
tras ver vivo a su hijo José,
él también podía irse en paz,
porque sus ojos habían visto la salvación de Dios,
preparada a la vista de todos los pueblos,
luz para iluminar a las naciones
y gloria de su pueblo Israel.

(El célebre cántico del Nunc dimittis 
está empedrado de pasajes del segundo y tercer Isaías,
y completa y supera el cántico anterior de Zacarías
por su alcance universal).

Admirados los padres de Jesús de lo que oían,
les bendijo Simeón, y, mirando a María,
le anunció que su hijo sería bandera discutida,
piedra de caída y levantamiento para muchos,

y  espada de juicio selectiva,
que a unos perdona y a otros destruye,

Lucas saca a escena también la figura de Ana,
paralela de Isabel,
viuda y anciana, que servía a ratos en el templo con ayunos y oraciones,
que alababa a Dios y hablaba del niño
a todos los que esperaban
la mesiánica liberación de su pueblo.

Los padres de Jesús volvieron a Nazaret,
y el niño, lo mismo que  Isaac, Sansón, Samuel o Juan Bautista,
crecía y se fortalecía,
 crecía en saber,
y la gracia de Dios le acompañaba.