Pero la alocución de la obispa episcopaliana M. E. Budde delante del presidente Trump no fue solo una petición de compasión al presidente, que solo llenó un último párrafo de la misa, sino un verdadero alegato en pro de la unidad de la nación, de la comunidad humana, por encima de la diversidad y de toda división. Una unidad asociativa y socializadora en unos Estados Unidos muy divididos en nuestros días en sus valores comunes por una cultura del desprecio y de una polarización, que corren el riesgo de destruir la dignidad y la igualdad proclamadas en la Declaración de Independencia de los padres fundadores, y objetivo primordial de los ideales fundacionales y del sueño americano.
Tras evocar la unidad evangélica y teniendo como eje el Sermón del Monte, recuerda la obispa anglicana tres fundamentos de esa unidad, heredados de las tradiciones y textos sagrados: la dignidad del ser humano, que excluye todo desprecio, burla o descarte; la honestidad en el decir y en el obrar, buscando siempre la la verdad, y la humildad, propia de los seres falibles que somos, que impide la ciega división de los hombres en buenos y malos.
Varias veces, en su rigurosa y muy bien trabada homilía, la obispa Budde remarca la inutilidad de las oraciones sin sus correspondientes buenas acciones, y lo aplica también a la oración oficial por la unidad de la nación, a veces solemne y hueca, si no va unida a la dignidad, honestidad y humildad que exige, incorporando la diversidad y trascendiendo todo desacuerdo.
Solo, después de decir todo esto, claro que más extensamente y mucho mejor, tiene pleno sentido el apóstrofe oratorio y dialéctico al presidente hablándole de los seres más vulnerables del país, que pueden temer de su nuevo mandato, y que pueden parecer extraños a esa unidad proclamada, por la que todos rezan oficialmente.
Y, como nos recuerda la parábola marcana del Sembrador, la palabra cayó en muy diferentes partes, y, al parecer, con muy diversos resultados–
PD. Basta comparar la vacuidad de los discursos, más que oraciones u homilías, de casi todos los representantes de las Iglesias, el primer día de la toma de posición de Trump, con esta verdadera homilía en la catedral de Washington, al día siguiente, para ponderar la calidad de la misma.