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En Peña-Fitero y Peña del Saco (y II)

 

       Atravesamos nuevamente el pueblo y tomamos, tras pasar el puente y recordar la fiesta del Barranco, la ruta de las Huertas y de las Roscas. No hay gente a estas horas en los regadíos, donde lucen sobre todo las flores de los cerezos. Aparcamos para yantar y sestear un poco más allá de la Cueva de la Mora, a la vera de un joven olivar, cerca de Tudején, que fuimos incapaces de encontrar la última vez.

A buena hora todavía nos acercamos, con el GPS en mano, a la falda de la Peña del Saco. Escarmentados como estamos,  dudamos y titubeamos, avanzamos y retrocedemos, pero esta vez no nos vamos en dirección a Capbreton. Tenemos cerca un tractor trabajando en una viña, pero esperamos no tener que acudir a él. ¿Le sonará al tractorista la Peña del Saco? Estamos quizás en término de La Rioja, aunque el castro protohistórico está fuera de todo perímetro excluyente, incluso en tiempo de pandemia.

Descubrió el yacimientoen en 1927 el arqueólogo Juan Cabré, que se hospedaba en los aledaños Baños de Fitero, y lo estudió el insigne Blas Taracena en 1941. El  poblado apareció muy arruinado por la erosión que presentaba  todo el monte, pero la excavación mostró que el antiguo poblado había perecido en un incendio antes de ser abandonado por sus habitantes. Hoy sabemos que fueron dos. Pero antes examinó el primer y antiquísimo poblamiento pre-celtíbero, que en una de sus fases sufrió el primer incendio. El hecho de que los materiales quedaran aplastados en el suelo de las viviendas, hizo que la excavación sacara a la luz muchas cerámicas antiguas: vasijas toscas, negruzcas, fabricadas a mano.

Sólo veinte años más tarde, 1961-1962, reemprendió los trabajos otro gran arqueólogo español, Juan Maluquer de Motes, que dio también  cuenta de sus hallazgos y puso las cosas en claro. En resumen: Podemos decir que los primeros pobladores, pre-celtíberos, a finales de la Edad de Bronce y comienzos de la del Hierro, fueron pastores de ovejas, que utilizaban también la caza de jabalíes como medio de vida y vivían en chozas de palos y barro. Debieron de ser los primeros pobladores de Fitero. En cierta fase de la Primera Edad de Hierro a ese primer poblado le siguió otro de naturaleza muy semejante, pero más regular. Este segundo poblado pereció, como queda dicho, en un violento incendio. A partir de ese momento -¿hacia el siglo IV?- hubo un importante cambio de estructura y probablemente también de población asentada, tal vez la conquistadora del viejo poblado. Las paredes  de las viviendas, rectangulares, de tamaño pequeño y adosadas unas a otras, eran de piedra y los suelos, empedrados, con cerámicas  fabricadas a torno, importadas de centros alfareros celtibéricos, correspondientes a la segunda Edad del Hierro. A esta fase parece responder el enterramiento infantil, debajo del pavimento de una de las viviendas, costumbre celtíbera, como vimos ayer. Este poblado tuvo una intensa actividad metalúrgica, ya que en la ladera del mismo apareció una gran cantidad de escoria, análoga a la de cualquier otro yacimiento de esa época y de esa etnia.

Este segun poblado, plenamente celtibérico, fue incendiado y arrasado, como documentó muy bien Taracena, en un tiempo que él creyó posterior a la destrucción de Numancia, el año 133 a. C. Y no volvió a ocuparse más.

La subida nos ha sido fácil. De vez en cuando aparece una senda más o menos clara, pero, en general, nos hemos abierto fácil paso entre las matas de romero, ya florecido, tomillos, algún enebro y algunos escambrones. Toda la Peña mira a levante; más aún, parece un fortín con varios salientes rocosos que apuntan, como cañones naturales, en esa direción; pareciera que defienden algún poblamiento. Mirador excelente, por parte navarra, sobre los Baños, que fueron también romanos; los olivares y las huertas de Fitero, con la villa cerrando el corredor del Alhama, y hacia la cadena de montañas -¡otro día, te alcanzaremos, Tudején!- y las inconfundibles Roscas fiteranas. Y por parte riojana, mirador sobre la compacta aldea de Ventas de Cervera  o Ventas del Baño; sobre el cauce tranquilo y trasparente del mismo río, al que acaba de animar su afluente el Linares, en un espacio privilegiado, que es reserva de la Biosfera desde 2003.

Por el camino de las Huertas encontramos ahora varios senderistas jóvenes Algunos huertanos arreglan los caballones de las esparragueras, que son aquí un cultivo mayoritario. Unas personas mayores platican sentadas en otra huerta. Y varias familias van  o vienen de paseo. Parece que ya llegó la primavera.

 

En Peña-Fitero y Peña del Saco (I)

 

     Penúltimo día de febrero. Buen sol y mucho viento. Van perdiendo flor los almendros por la Navarra media y baja, y comienzan a florecer los cerezos. Pasamos el crucero, atravesamos la villa, con algunos paisanos por la calle Mayor otros en la terraza del bar Barcos, y llegamos a las últimas casas del pueblo. Frente al polígono industrial La Dehesa de Ormiñen, tomamos una pista que pronto se interna entre olivos, y vemos en seguida el alturón que puede ser la cara norte del yacimiento protohistórico. No nos engañamos. Ahí está la Peña-Fitero. Y no la llamo Peña-Hitero, porque hace muchos años ya nos enseñó don Manuel García Sesma que en toda la documentación medieval siempre aparece Fitero y no Hitero. Por la sencilla razón que la segunda palabra es la derivada de la primera, y no al revés.

La parte norte del yacimiento, la más vulnerable, era seguramente un profundo foso, casi hoy del todo colmatado por un olivar, recorrido por una honda acequia de tierra, y seguido por un pequeño promontorio llano, cubierto por atochas o esparteras y algunas aliagas, que comienzan ahora a amarillear, y que ocupan el conjunto del antiguo poblado. Por el extremo sur cae a pico sobre la rica y extensa vega del río Alhama (aguas calientes, baños, en árabe), con grandes viñas nuevas en espaldera, campos de frutales, donde vemos ya los cerezos florecidos, huertas varias y el arbolado que acompaña al débil y delicado río,  que nace en la sierra soriana del Almuerzo, riega el suroeste de Navarra y desemboca en el Ebro. El  límite sur del poblado, encima del cortado, termina en unas grandes rocas, una de ellas  en forma de terraza, donde Julio Ascensión sugiere un posible lugar de ceremonias. A dos kilómetros de aquí, al oeste, aparece al sol redondo de esta mañana la estampa de la villa de Fitero en torno a la torre del viejo monasterio, con su alta corona de Roscas, y, al este, fulgura el polígono industrial de Cintruénigo, al otro lado de la carretera, que la separa de la villa, reino de la porcelana, plantada sobre la orilla derecha del mismo rio Alhama.

Lo que más salta a la vista al llegar a la parte oriental del poblado celta es que una esterilla negra, sostenida por piedras, desgarrada en casi todos los sitios, cubre -intentaba cubrir- las excavaciones. Lo que dificulta a veces la observación de las mismas. Pero es sobre todo señal de triste abandono de los trabajos, que no han vuelto a reanudarse, a pesar de ser tan excepcionales. Los arqueólogos navarros Manuel Medrano Marqués y María Antonia Díaz Sanz descubrieron en las excavaciones de los años 2004 y 2005 la residencia fortificada de un jefe tribal o militar (príncipe) protocelta. El recinto comprende 900 metros cuadrados, rodeados de una muralla de piedra, de 30 metros de longitud, con torreones  angulares, de los que se conservan hasta tres metros de altura y con siete metros de espesor en la zona de la tumba, reforzada con la presencia exterior de piedras hincadas. La casa – tumba, en el interior de la muralla, seguramente del siglo VI a. C. es una habitación con paredes de piedra, en la que enterraron la cabeza de una persona, de la que pudo recuperarse la mandíbula y fragmentos de cráneo. La estancia rectangular, de unos 10 metros cuadrados, tiene un banco y un pequeño hogar, que contenía la parte superior de un casco de hierro, vasijas colocadas en el suelo, dientes de jabalí  y cuernos de ciervo, símbolos de valor y de poder. Dentro de la muralla hallaron asimismo la extraña tumba de un niño, de 5 a 7 años, acompañado de dientes de jabalí y cuernos de ciervo, lo que podría señalar descendencia o algún tipo de parentesco con el jefe tribal, porque los celtas y celtíberos solían incinerar los cadáveres de los niños muertos con más de un año de edad. Otros restos de un niño de menos de un año estaban fuera de la muralla, según la costumbre celtíbera de enterrarlos, a esa edad, debajo del suelo de las casas, como medida de protección.

Fuera de la muralla encontraron los arqueólogos estancias con gran número de hornos y hogares, lo que indica que era un área industrial y, quizás, tambien de vivienda. Igualmente  descubrieron muchas cerámicas grafitadas, y hasta 72 molinos de piedra. Lo que parece indicar que los señores de la fortaleza dominaban un amplio territorio y controlaban los medios de producción y de subsistencia, así como el monopolio de la producción metalúrgica, que incluía la fabricación de armas. Los diversos desniveles al extremo este del poblado son restos de antiguos fosos en esa parte  del recinto, también vulnerable. El poblado sufrió incendios dos veces. En el siglo I a. C. aún seguía habitado. Falta por excavar gran parte del yacimiento.

Al volver por donde hemos venido, imaginamos el antecastro natural ponderando los niveles del terreno. Es una pena que no haya un panel o señal alguna que explique este singular castro prerromano. A derecha e izquierda de la pista se siguen envejeciendo los viejos olivos que nos parecen desordenados, sin límites claros de fincas. Sus dueños seguro que no lo ven asi. Vamos ahora a la Peña del Saco.

Jesús y el Templo de Jerusalén

 

Mc 11, 15-19 + (Mt 21, 12-13; Lc 19, 45-48) y Jn 2, 14-16

Jesús venera el Templo:
es para él la morada de Dios.
Respeta a los sacerdotes y el pago de los diezmos:
a ellos les envía los leprosos que cura.
En el Templo enseña cuando está en Jerusalén,
y celebra con sus discípulos la Pascua,
comiendo el cordero degollado en el altar de los sacrificios.

Pero el viejo Templo de la Ley
está llamado a eclipsarse
en la edad presente, en la nueva Era
de la salvación.

El Templo había llegado a ser,
a través de la autoridad sacerdotal,
el centro de toda corrupción,
de toda avaricia insana,
de todo poder ajeno al pueblo.
Entrando un día en él,
en un acto simbólio y profético,

expulsa Jesús a todos los que allí  venden y compran,
volcando las mesas de los cambistas
y los puestos de los vendedores de palomas,
blandiendo las frases más duras de los grandes profetas:
«Mi casa será llamada casa de oración»
y vosotros la habéis hecho «una casa de bandidos».

(Un autor cristiano de la Iglesia de Marcos
añadíó a la tradición oral de aquellos días
el relato de la higuera estéril,
maldecida por Jesús,
y seca hasta la raíz,
para anunciar y explicar
no solo la purificación y la reforma,
sino la entera destrucción
del viejo, estéril, estado de cosas).

Por eso los sumos sacerdotes
y sus sabios letrados, los escribas,
buscaban cómo matar a Jesús, a quien tenían miedo,
pues la gente estaba con él.

 

 

Últimos aforismos

 

Todos los pingüinos llevan traje de padrinos de boda.

Porque, mientras tenemos los ojos vueltos al futuro, la historia tiene los ojos puestos en nosotros, canta el poema La colina que escalamos de la joven poeta norteamericana Amanda Gorman. Qué hermosa revesión de la manida confianza en el futuro. Porque, mientras el futuro no existe todavía, la historia y nosotros sí.

El dinero lo compra todo. No solo futbolistas, sino equipos enteros. Y hasta el nombre de la Liga de Fútbol.

El bipartidismo de los pactos vergonzantes

 

        Ciudadanos, esté o no en su peor momento, tiene razón que le sobra para aremeter contra los vergonzantes pactos del bipartidismo (PSOE+PP) a la hora de elegir los componentes de algunas de las principales instituciones de la Nación. Olvidando todos los buenos propósitos de los mejores momentos, rompiendo todas las promesas de regeneración dichas con la boca pequeña y, todavía peor, menospreciando a sus votantes que esperaban de ellos, por lo menos, un poco más de seriedad y de vergúenza. La elección a dedo de los partidos, siguiendo las vetustas cuotas de poder de los dos Gobiernos del turno, es una de las torpezas antidemocráticas más sonrojantes que nos quedan.

La  recientísima elección del Consejo de Administración de RTVE, añadiendo dos gotas de Podemos y una de PNV, dejando atrás el concurso prometido y luego suspendido, es otra muestra de empecinamiento en el error y en el mal gobierno. Intentando, incluso, enmascarar la figura del comisario político que lo presida. Ahora leo que los otros pactos, que decían a punto, acaban de romperse, porque Podemos ha exigido su cuota y Sácnhez no puede desprenderse de él. Juegos de tahúres. Juegos de irresponsables. Unos por otros… y España sin limpiar.

Inmatriculaciones eclesiásticas

 

         Al presentar el informe tras el Consejo de Ministros, el pasado 16 de febrero, la vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, reconoció que se ha llevado a cabo un trabajo prolijo y riguroso que no contiene ningún desfase, según avala el Colegio Oficial de Registradores de la Propiedad y Mercantiles de España en 3. 431 páginas que analizan, una a una, las 34.961 propiedades de diócesis, congregaciones y otras entidades eclesiásticas: No se puede concluir que existan inmatriculadas fincas a favor de la Iglesia sin mediar el necesario título material a su favor. Se trata  de 20.014 templos y dependencias vinculados a ellos, y de 14.947 espacios que corresponden a viviendas, locales, parcelas, solares, bosques, granjas, cementerios… El portavoz de los obispos, Luis Argüello, que ha trabajado con Calvo en la Comisión técnica conjunta, declaró: Nos agrada que el Gobierno reconozca que la Iglesia ha seguido la legalidad. La Iglesia no quiere que esté a su nombre nada que no sea suyo. Muchos de estos bienes, comenzando por las 100 catedrales, forman parte del patrimonio histórico español, afectos a un régimen muy especial, por ser bienes de titularidad privada pero de utilidad social.

Antes de que la vicepresidenta afirmara el derecho de poder reclamar ante esa legalidad alguno de esos bienes, Argüello ya lo había afirmado: Si alguien viniese con mejor derecho, cada institución de la Iglesia que haya inmatriculado está dispuesta a a hacer esa revisión, si el derecho lo permite y las exigencias de la legalidad nos lo piden. Ya, después de cada matriculación se dieron dos años de plazo para las posibles reclamaciones. Pero la Coordinadora Estatal para la Recuperación del Patrimonio Inmatriculado por la Iglesia Católica, Recuperando, ha  arremetido contra el Gobierno, considerando un absoluto insulto y una gran trampa tener que reclamar las propiedades por vía judicial. Contra el Gobierno del PSOE, partido que en uno de sus juveniles arrebatos anticlericales, oliendo que asaban carne, reclamó en 2017, a través del Congreso de los Diputados, una auditoría a los bienes registrados durante los años 1998 y 2005.

El 23 de febrero no es solo un recuerdo

 

       Me llamaron -¡cosa inaudita!- de Televisión Española en Navarra, a las 11 de la mañana. Me llamó, sin decir su nombre, una voz femenina, que me tuteaba como si me conociera de toda la vida. ¿Para? Para invitarme a hablar sobre el 23 F dentro de tres horas. Se conoce que leyeron el podcast anunciado en Diario de Navarra y decidieron incontinenti hacer algo parecido. Pues, no, así no se hacen las cosas. Bromas aparte, vi por la noche un excelente programa en TRECE, cadena que no conocía apenas, lo que me trajo a la memoria y a la mente no solo recuerdos sino una amarga reflexión. El intento de golpe de Estado de 1981 pasó hace mucho tiempo, y sin graves, sin demasiado graves, consecuencias, fuera de aquellos momentos, mucho más graves por la existencia de la banda terrorista ETA. Hoy tenemos otro intento de golpe de Estado, permanente, aunque sin tiros de subfusil al techo hasta ahora, en Cataluña. Golpe que defienden a todas horas varios partidos políticos presentes en las Cortes, y, de alguna manera, hasta un partido que co-gobierna en España, un partido que que defiende el falso derecho a la autodeterminación, la existencia de presos políticos en España, su indulto y hasta su glorificación, junto a su intento de terminar con el Régimen del 78.

A mi también sigue emocionándome el gesto de Suárez, y sobre todo el del general Gutièrrez Mellado, ese día. Pero no perdamos mucho tiempo en recuerdos, cuando la realidad política de nuevos golpistas, mucho menos chapuceros que los de 1981, nos abrasa, cuarenta años más tarde.

En Los Cascajos y en El Castellón de Sangüesa (y II)

 

         Bajamos de la terraza y, siguiendo por el antiguo camino de Cáseda, cruzamos la Pastoriza Baja, la Media y la Alta hasta acercarnos a los edificios de Viscofán. A nuestra derecha vemos el caserío ascendente y descendente de Aibar y algunas caserías, donde antes se vivía en el campo. Volvemos y nos adentramos en la red de huertas de Pastoriza Baja a la que sigue la red de las acequias de riego. Casi todas las huertas, casi siempre árboles frutales, tienen alguna cerca de muros y mayomente de setos o telas metálicas. Tienen,  en casos raros, casas hechas y derechas, y, mayormente, casetas, muchas de adobe. Saludamos a uno de los hortelanos que nos explica la obra del canal y el abandono de algunas huertas, cuando llegó la Papelera a Sangüesa y algunos agricultores dejaron el campo. Muchos edificios, no todos,  cuentan con energía eléctrica y algunas comodidades.

No encontramos un buen acceso a las orillas del río y seguimos hasta la ermita de N. S. de Nora, donde, junto al famoso canal, y cerca del antiguo batán, podemos comer y dormir placenteramente. Frente al jardín comestible que plantó la ikastola de Sangüesa en el último Nafarroa Oinez, ya un tanto descuidado.  Esta ermita fue en tiempos de los carmelitas descalzos con el nombre de Santa Maria del Carmen. Se instalaron aqui hasta inaugurar el nuevo convento intramuros en 1380, si bien continuaron atendièndola después. Entonces tomó el nombre de Nora por la noria próxima al templo. La nueva ermita se construyó con materiales de la anterior en 1694. La rodeó siempre fama de protectora de náufragos en el Aragón, vía almadiera. La riada de septiembe de 1787 se llevó las pinturas que le quedaban.

Por la tarde, partiendo de la carretera de Aibar, tomamos el carretil que lleva a los tres inmuebles R.S.U (Residuos sóiidos urbanos) y, más arriba, al depósito de aguas. Estamos en la cima de El Castellón, cerro de 512 metros, donde se yergue la tradicional estatua del Sagrado Corazón, que bendice a la ciudad, justo en el punto exacto de la calle mayor, que se abre tras el puente. Con el lema: Adveniat Regnun tuum. En la parte delantera de la base se añade una pequeña imagen de la Virgen. Los pinos de repoblación ocupan el resto del monte. Cincuenta años después de la fundación, en 1122, del Burgo Nuevo de Sangüesa por Alfonso el Batallador, el rey Sancho el Sabio fundó en 1171 el Burgo de El Castellón –el pugo del Castellón supra Sancossa-, donde se construyó todo un poblado, con dos iglesias, casa abacial, palacio, un convento de frailes, otro de sorores, plaza del mercado… Pero es aqui donde un historiador sangüesino viene a sacarme de dudas, sospechas y aporías, cuando me escribe que todo esto se refiere al vecino Sos, que todavía era parte de Sangúesa, y donde todo eso tiene asiento y sentido.

En otro puyo cercano más bajo (463 m.), llamado de Santa Margarita por una ermita que sustituyó a la de Santa Bárbara, donde se desconjuraban las tormentas, poblado también de pinos, quedan los restos de lo que fue una fortaleza medieval, una torre de vigilancia, con grandes sillares en la base, en la forma en que quedó en las guerras carlistas como fuerte fusilero liberal, un espacio rectangular, ahora sin cubierta y a la intemperie. Por cierto, en fechas recientes alguien ha celebrado dentro una especie de botellón, por los restos que dejaron y que nadie ha recogido. Juan Cruz Labeaga habla de una posible guarnición romana, lo que otros arqueólogos niegan, y da cuenta de algunas cerámicas campanienses y sigillatas, entre otras muchas medievales, descubiertas en el lado sur del teso, encima de la carretera de Aibar. Hace falta mucha imaginación para imaginarse aqui un castillo medieval  con una torre homenaje de veinte ventanas, cuatro torres, dependencias, etc., como detalla una placa conmemorativa, con el fin principal de recordar que todo fue arrasado en 1519. Y una bandera, que no es la oficial de Navarra, ondeando encima de los pobres restos. Pero los autores de la placa y de la bandera se equivocaron de sitio, porque aquí no estuvo ese pintiparado castillo, y sí solo la atalaya medieval, una de las varias que defendían la ciudad.

Como la tarde está tan buena, seguimos, como el río Aragón, hacia occidente.  Pasamos por las tierras romanizadas y despobladas  de Eslava y Lerga, y superando  la cadena montañosa, nos  metemos en la Valdorba profunda, por vastas soledades solo decoradas de pinos y enebros, hasta que, por fin, breña va, breña viene, llegamos al deleitoso pueblo de Olleta, entre dos ríos, y con la coqueta iglesia románica de la Asunción, que parece elevarlo todo.

En Los Cascajos y en el Castellón de Sangüesa (I)

 

          Sábado templado de mediados de febrero, tras varios días de lluvia. Buen sol y recio viento cierzo. Llegados a las puertas de Sangüesa, tomamos el antiguo camino de Cáseda o de Pastizales, y, tras pasar cerca de unas láminas de agua, seguimos el ancho y reconstruido acceso -Camino de los Cascajos- que sube al escarpe, donde estuvo el campamento romano, al que nos dirigimos. Pensábamos que esas aguas fueran campos de arroz, pero mi amigo Javier, que fue durante muchos años alcalde de Sangüesa, me dice que son las lagunas de la depuradora biológica de las aguas residuales, construidas durante su mandato.

Al SO de la ciudad, la terraza de los Cascajos -el Cascaíllo del Fuero-Puebla de Sancho el Sabio- es una terraza rectangular, a 400 metros de altitud, propiedad municipal, de 300 m. de largo por 225  de ancho (unos 67. 500 metros cuadrados), encima de una gran viña en espaldera y largos campos de cereal. El triángulo sur occidental de la terraza sirvió en 1982 de  cantera para extracción de áridos y debio de hacer después de basurero  de todo tipo de objetos y hasta de materiales duros de construcción, bien visibles todavía, aunque se haya limpiado lo peor. Quedan sobre el terreno dos enclenques álamos y un desmedrado almendro, al que le han salido algunas flores en las ramas altas. Los desmontes de tierra forman una especie de barrera entre el antiguo basurero y el resto del plano en la parte más cercana a la entrada Para ver bien la terraza tenemos que avanzar hacia el noroeste, hacia el final del campo, único flanco sin defensa natural y, que coincide con el límite del término de Sangüesa con el de Aibar. Es una línea de 300 metros, de norte a sur, bajo la que se ve aún el foso, ya casi colmatado, de la parte más expuesta del campamento. Quedan en  los límites de la finca algunos restos de la muralla con piedras labradas. En el flanco sur, entre la maleza, todavía son visibles las últimas cepas de las últimas viñas posteriores a la filoxera. El resto del plano es un cardedal.

Aqui o en el camino que llega hasta aqui, se encontraron denarios ibéricos de plata, tipo jinete, y ases también ibéricos, acuñados en Tarazona, Ampurias, Cascante…, de los siglos II y I  a. C.. Y abundante cerámica sigillata hispanica, cerámica pigmentada común y cerámica local. De varios colores y formas, con figuras geométricas y decoraciones varias: aves, puntas de flecha, caballos, jinetes, figuras humanas…Se hallaron, además, pesas de telar, aros de vidrio, fragmentos de molino, placa de bronce… El arqueólogo e historiador Juan Cruz Labeaga, siendo coadjutor de Santa María de Sangüesa, fue el principal descubridor de esas piezas, o al que las donaron o, al menos, mostraron los que las descubrieron, porque Labeaga se convirtió durante muchos años en el referente arqueológico de la zona. El autor de la Carta arqueológica del térmimo municipal de Sangüesa, además de sus prospecciones en la civitas romana de Campo Real- Fillera (término fronterizo de Sos del Rey Católico), antiguo poblado de la II Edad de Hierro, descubríó los talleres de sílex en los poblados colindantes de la Edad del Bronce de Mongallés, San Babil, El Sasillo y Valdecomún; los asentamientos romanos de Santa Eulalia, Ribas Altas, Rocaforte, Vadoluengo, Valdeplanzón, y las villas romanas de Fuente Penosa, Linás, Puy de Ull y Viloria (villa aurea). ¿Y no se podría dar cuenta de todos estos hallazgos, casi todos aún sin excavar, en algún lugar público de la ciudad?

Labeaga cree firmemente que Los Cascajos albergó un campamento, no estable, romano, de fecha indeterminada, plantado en un sitio estratégico, frente al paso de todas las rutas, por el Aragón, que fue, como su nombre lo indica, Vadoluengo, lugar histórico donde los haya, y como enclave entre zonas tan romanizadas como Cinco Villas y todo el Este navarro. Algún arqueólogo negó la existencia de  tal campamento por la falta de objetos descubiertos de carácter militar, pero últimamente ha rectificado y ha reconocido un campamento republicano en el lugar, tras encontrar tachuelas de sandalias y otros enseres de procedencia militar.

Estamos aqui rodeados por un perfecto cerco de montes: desde Arangoiti y Sierra de Leire, al nordeste, siguiendo por los montes aragoneses, donde destacan Palango (Lobera) y Selva (Petilla), hasta la Sierra de Peña y  Sierra de San Pedro, al sur. Mirando hacia el oeste, tras el corredor del Aragón, nos damos con  Chucho Alto, Alto de Lerga y Monte Julio, cerrándose el círculo con la Sierra de Izco y el macizo de Olaz, ya cerca de nosotros. Vemos las casas altas de Sangüesa y el hotel Yamaguchi, camino de Javier; las huertas junto al camino; la lejana ermita del Socorro; las caserías de Valdonsella; la atalaya de Cáseda y el pueblo viejo de Gallpienzo siempre rampante.

Delante de nosotros, bajo los sassos y sassillos, se extiende la vega de las huertas sudoccidentales de Sangüesa, en el término histórico de Pastoriza, que riega el Aragón y el viejo canal del Irati, abierto en término de Liédena, a comienzos del XVIII, cuando la mitad de estos terrenos aluviales  era viña, y que  tantos beneficios ha aportado a los regantes, junto a un sin fin de conflictos entre los dos pueblos, además de sufrir múltiples reparaciones. Desfila a su placer el Aragón, señor de vidas y haciendas, pero no tan  tirano desde que pueden controlarlo con el pantano de Yesa. Baja festejado por un arbolado fiel y con el regalo del río Onsella, aragonés también, que viene a la vez bien acompañado. Relucen al sol los plásticos de los invernaderos y, un poco menos, los enlucidos de casas y casetas de las huertas, que son un nuevo poblado, esta vez contemporáneo, pero que viene de siglos, y que ha vivido/sufrido del agua, de sus dones y de sus caprichos.

¡Qué distinto era el paisaje que veían los soldados romanos de Los Cascajos! Pero seguro que los hacía también felices, al menos durante un rato, en días de sol y de recio cierzo como hoy.

El no ayuno de Jesús

 

Mc 2, 18-20  + ( Mt 9, 14-15; Lc 5, 33-35)

 

Algunos preguntaron a Jesús:
-¿Porqué,
mientras los discípulos de Juan
ayunan,
tus discípulos no lo hacen?

Jesús, que en un tiempo
fue discípulo de Juan,
les contesta a la manera rabínica,
contrapreguntando a la vez:
¿Acaso pueden
ayunar
los invitados a la boda,
mientras el novio está con ellos?

Tampoco los judíos devotos ayunaban
los días alegres de la historia de Israel.

Jesús es el novio,
que invita cada día a sus discípulos
al banquete nupcial de su reino,
que él mismo anuncia, porta y revela.
Los llamados a la boda de Dios con su pueblo,
tiempo singular de salvación,
no pueden ayunar ni hcer duelo o penitencia
rompiendo la alegría incontenible
del esposo feliz.

No pueden ayunar
mientras tengan con ellos al novio.