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Los discípulos de Emaús

 

Lc 24, 13-35

Iban dos discípulos de Jesús de Nazaret
–uno llamado Cleofás-,
camino de Emaús, su pueblo, conversando,
sobre lo que venía de pasar
en la ciudad de Jerusalén.
Habían oído que algunas mujeres visionarias
habían visto ángeles diciendo
que Jesús vivía,
pero otros compañeros fueron al sepulcro
y a él no le vieron.

Ellos eran también de aquellos que esperaban
que el Maestro, profeta  poderoso en obras y palabras,
liberara a Israel.

Pero ahora iban recordando,
tras el fracaso,

que muchas veces, en comidas y encuentros,
les había hablado, con citas  bien traídas
por su ubérrima memoria,
comenzando por Moisés, seguido de los profetas,
que el Ungido de Dios debía padecer
antes de entrar en la gloria de Dios.
E iban recordando, uno a uno,
los sucesos de los últimos días,
a la luz de Isaías, Jeremías y Ezequiel.
Sentían arder el corazón,
al ir aplicando a Jesús
lo que había previsto la Escritura.

Llegados a Emaús, se sentaron a la mesa,
y, tras tomar el pan,
dando gracias a Dios,
al partirlo y repartirlo,

 el Dios de Jesús les salió al encuentro,
se les abrieron los ojos y le reconocieron

más vivo y presente que nunca.

Repuestos del susto y la sorpresa,
llenos de júbilo,
volvieron a la ciudad
y encontraron reunidos a los Once.
Igual que e ellos, se había aparecido a Pedro.
Y todos celebraron entusiastas
al Señor de la vida.

 

 

Ley de protección de la infancia y de la adolescencia

 

        El año 2019, se registraron más de 40.000 delitos contra menores de edad. Cerca de la mitad del total de los delitos contra la libertad sexual tuvieron como víctima a un niño o a un adolescente. Muchos casos no se denuncian siquiera. Por esto, después de una docena de años de preparativos, anteayer se aprobó por fin en el Congreso de los Diputados el proyecto de ley orgánica de la infancia y de la adolescencia con el voto  muy mayoritario de los diputados. La ley comenzó a prepararse con el Partido Popular, se completó con el PSOE y ha acabado perfeccionándose con los ministros de PODEMOS.

La ley tiene como fin garantizar los derechos de niños y adolescentes frente a cualquier forma de violencia y aporta medidas para la sensibilización, vigilancia, protección, y reparación de las víctimas. Por ejemplo, hará que no caduquen los delitos de pederastia hasta que la víctima tenga 40 años y, hasta los 55, en los casos más graves, frente a los 18 de ahora.

La ley quiere ser un cambio de paradigma. Como en su día fue la ley de violencia de género.

Castro-castillo de Añézcar

 

             Añézcar, antiguo concejo de la Cendea de Ansoain y ahora concejo del municipio de Berroiplano, ha triplicado sus habitantes en un siglo y su nombre ha ido a la par de Contrucciones Metálicas AÑURI, del Centro Hípico Añézcar, construido en los ochenta con muchas pistas, cubiertas y descubiertas, y de la reciente urbanización de tres hiladas de casas exentas entre el pueblo viejo y la carretera, que acoge a la mayoría de su población. Delante de su linda iglesia protogótica parte el camino que sube al castro y al castillo de Sardea (¿horquilla de púas?), poco conocidos de casi todos. Ya nos dice una joven, que baja del  monte con su perro:

–Hay mucho camino, ¿eh? Y, además, arriba no hay nada.
-Ya, ya…

Pero no nos desanimamos. Subimos, llevando a nuestra derecha una ladera espesa de pinos, cedros, cipreses, herbazal y matorral, que da a la carretera, y, a nuestra izquierda, robles, quejigos, algunas carrascas y bojes. A los lados del camino, cercado a ratos por vallas de alambre viejo, muchas lechetreznas con sus flores exóticas en umbela, muchos durillos o laurentinos con sus blancos corimbos, amarillas allagas, rosales silvestres, endrinos, madreselvas a punto de florecer, margaritas, estrelladas, cuernecillos… A medio camino, vemos dos yeguas blancas con un potrillo pinto, y cerca, otra yegua de color oscuro con otro potrillo. Están a lo suyo y no se espantan ni nos espantan. La verdad, no nos extraña, estando tan cerca el Centro Hípico. Y lo cierto es que durante todo el trayecto vemos huellas inconfundibles de caballos y yeguas, con el olor natural correspondiente.

El monte, como nos suele suceder, es mucho más amplio de lo que creíamos.  Y más alto, incluso. Llegados a la cima -la llamada peña de Larragueta-, verdadero murallón rocoso, en rampa noroeste-sureste, que termina en dos imponentes farallones, lo recorremos todo hasta el extremo más alto. Aqui hubo un castillo o torre defensiva medieval y con sus ruinas se levantó después la ermita de San Salvador, viva aún a fines del XVIII , a la que el pueblo acudía en romería. Por si algo faltaba, se erigió en los años cuarenta del sigo XX un cartel publicitario del célebre toro de Osborne, que era todo un totem para los que pasábamos por allí. Un movimiento de tierra lo removió hace años y el cartel, a pesar de su guapura, fue retirado. Con todo lo cual, y sabiendo que hubo numerosos frentes de cantera de piedra y cal, abiertos en este punto, si antes quedaban pocos restos, ahora quedan aún menos, además del cemento posterior añadido.  Un terraplén de tierra, obra antrópica, en la parte oriental, la menos naturalmente defendida, hacía de muralla del oppidum, seguramente con un cerco superior empedrado, según los expertos

Por aqui encontró Amparo Castiella y después Javier Armendáriz abundantes restos de cerámica de la época del Hierro Medio y Final, y, lo que es más curioso, numerosos proyectiles plomizos de honda, o glandes, de la época republicana (siglo I a. C.). Lo que nos da a entender un asedio por parte de las tropas sertorianas, que, como en Irulegi, habrían acabado con el poblado.

Nos asomamos sobre los acantilados al cuadrángulo  que forma el pueblecito de Larragueta, pequeña plaza fuerte, muy renovada también; al robledal y urbanizaciones deportivas de Zuasti; a los pueblos de la Cendea de Olza y de la Cendea de Cizur, hasta Zariquiegui. La gentil combinación de los vsrios campos de colza amarilla entre el verde espeso de los trigales y el verde claro de los cebadales solo en en estos días de abril se puede contemplar. Allá, lejos, sobre las ripas del Arga, el campamento romano de Gazólaz.

Al volver, lamentamos el deterioro de muchos robles, atrapados y axfisiados por las lianas y consumidos por los líquenes. Relucientes también por esta parte están los sembrados de Elcarte y Oteiza, vecinos de Añézcar. En los montes que los encimeran luchan los pinos contra las hayas .Y, al fondo, siempre, el chafarrinón conurbano, que va desde Huarte hasta Zizur Mayor, bajo los dos vigilantes mayores, que son Izaga y la Higa de Monreal. En la pista principal del Centro Hípico, a nuestros pies, se mueven unos caballos. En la ladera de los pinos, las yeguas se han multiplicado.

Damos una vuelta por el disperso pueblo viejo, al que el bello y amplio hipódromo, junto con las naves industriales y la urbanización reciente, le han cambiado la fisonomía. Queda la iglesia de san Andrés como el mejor recuerdo de los siglos. Preciosa portada del románico popular: en los capiteles, bajo las arquivoltas de arco apuntado, siguen estando dos hombres que luchan, un águila con un conejo en sus garras, dos personas orantes, dos centaruos contrapuestos… En los cimacios, lucen palmetas, hojas de hiedra, pámpanos, cepas… No hemos vsto una viña en todos los alrededores visibles. Pero aqui tenemos un testimonio irrefutable de las viñas que hasta hace poco hicieron famoso el txakolí local…

Una justa fiscalidad

 

         De la Administración Biden nos llega la buena noticia de la búsqueda  de un gran pacto social que asegure que las grandes compañías contribuyan  del modo más justo a las arcas públicas. Algunos países europeos, como Francia y España, acaban de aprobar un impuesto sobre servicios digitales, la conocida tasa Google, para gravar más y mejor a las empresas tecnológicas, que pueden trasladar sus activos intangibles a países con fiscalidad más favorable. La Comisión Europea ha celebrado la iniciativa norteamericana y ha emplazado al gobierno de los Estados Unidos de América a cerrar un acuerdo próximo en el seno de la OCDE, donde se negocia desde hace una década un marco global tributario adaptado al entorno de la economía digital, que evite la trasferencia por las grandes multinacionales de sus bases imponibles a jurisdicciones fiscales más laxas. Con Trump el acuerdo se había hecho imposible.

Incluso el FMI (Fondo Monetario Inernacional), guardián de la ortodoxia liberal, ha propuesto la creación de un impuesto  temporal de solidaridad a fin de que las rentas más altas y las empresas beneficiadas durante la pandemia contribuyan a pagar la factura de la crisis. Un capitalimo decente no puede oponerse a un fin tan justo como es tener unos sólidos servicios públicos  que generen una sólida cohesión social.

 

En Mendi, un castro de Galar

 

         Noain, nombre romano por excelencia, ayuntamiento compuesto (8.354 habitantes) y concejo al mismo tiempo, lo tiene todo: acueducto neoclásico; aeropuerto renovado; el río Elorz, que, un día, acaso, podría ser navegable; varias carreteras; vías de tren de viajeros, y una estación de mercancías, tercera terminal de España. Noain tiene también, por si algo le faltaba, un vecino castro prerromano, que visitamos esta tarde, abrileña con sol y cierzo benigno. Partimos de este pueblo-jardín, en que ha devenido Salinas, sede del ayuntamiento de la Cendea de Galar, desde una hilera de casas nuevas, a cuatro aguas, con pequeños jardines a sus puertas. El camino que nos lleva al monte Mendi, graciosa redundancia habitual en muchos pueblos, pasa por encima de las ripas labradas por el río Elorz, camino de su desembocadura en el Arga. Los terrenos aluviales, que seguramente en tiempos anteriores fueron huertas, hoy son campos de cereal o floridos habales. En frente, tenemos la estación de mercancías y, un poco más lejos, el corredor de aeropuerto.

Llegamos pronto a la quebrada, donde el bueno de Joxe Ulibarrena -hablé y discutí mucho con él en su casa-museo de Arteta y en otros sitios- levantó el monumento en memoria de los  agramoneses navarros y  soldados franceses, vencidos estrepitosamente en la batalla del 21 de junio de 1530 por las tropas castellanas, notablemente vascongadas, y por los beamonteses navarros. Escribí en su su día sobre esta batalla y no es cosa de demorarnos en ella. El patriota (abertzale) vasco que era el peraltés quiso simbolizar al nabarro independiente-independentista y luchador con una estatua gigantesca y una espada en la mano mirando al viejo escenario de batalla. Los materiales son frágiles; la infaestructura, débil, y la conservación muy deficiente. Las leyendas, inscripciones y apuntes de las columnas y del techo bajo de de la plataforma principal -donde se suceden los nombres de Carlos V, Loyola, Julio II, los Reyes Católicos, el Prncipe de Viana…, un despropósito.

Pero dejamos el siglo XVI y seguimos subiendo… hasta la Edadd del Hierro y más lejos todavía, en busca del castro prerromano. Como toda esta parte del cerro amesetado es un vasto campo de trigo en herbal, vamos por las orillas de la pieza o aprovechando los surcos del tractor, donde apenas crece el cereal. Lo descubrió en los años ochenta José Antonio Borja y lo excvavó someramente Amparo Castiella para constatar que el fondo arqueológico estaba totalmente destruido por el continuo laboreo de la tierra o los habituales expolios de piedra para nuevas construcciones. En su espacio se encontraron, dispersas, cerámicas manufacturadas y torneadas celtibéricas, canas de piedra, molinos de mano, un fragmento de pulsera en carbón fósil, fragmento de terra sigillata hispánica, y… vestigios de industrias muy anteriores, del Paleolítico Inferior o Medio. Lo que muestra la pervivencia del poblado durantes miles de años. No sabemos ccuándo dejó de existir. Probablemente, tras la llegada de los romanos, sus habitantes bajaron a vivir  a la Cuenca o, quien sabe, se añadieron a los paisanos de Pompelo.

Todo lo que vemos o intuimos son tres niveles de bancales, o fosos, en la ladera occidental y en la cumbre un talud artificial, que esconde tal vez fragmentos de la muralla primitiva. Pero, a falta de evidencias, bastan los indicios y los recuerdos. Y esta espléndida vista de la Cuenca de Pamplona desde el sur y del Somontano verde del Perdón, amarilleado por la colza abrileña.

El Dios de Eduardo Chillida

 

Cuando su hija Susana. cineasta y pedagoga, pregunta a Eduardo Chillida (San Sebastián, 1924-2002), en uno de sus libros, qué piensa de Dios, el escultor vasco contesta:

–Yo pienso que está en todo. Dios es el todo. El gran fin, la gran meta, la diana…

 Chillida, que se tenía por un cristiano normal y corriente, un cristiano de misa los domingos, le responde alsu amigo el jesuita Antonio Berstain, cuando este le pregunta el porqué de la presencia múltiple de la cruz en toda su obra:

–Es lo más importante del cristianismo, y ahora mismo acabo de  hacer una cruz para que se coloque en el Buen Pastor, en la catedral, mirando hacia Santa María. Se va a llamar, en euskera, La cruz de la paz, porque me encargaron un símbolo de la paz y no conozco ningún otro símbolo mejor.

Aquella cruz, en alabastro, la regaló el artista a la catedral donostiarra en 1997. Otra obra, donde estaban las tres cruces, la envió Chillida al Vaticano, dejando claro que también el mal ladrón pudo salvarse, como su compañero:

–Es un lugar de encuentro de toda la historia de la humanidad, de todas las cosas que han pasado. Un acontecimiento que supera cualquier otro, en mucho, por la trascendencia que ha tenido y sigue teniendo. (…) Él no exige el castigo, lo que exige es perdón a todos en la cruz. Por eso hablo de la La cruz de la paz, poque él da su vida  por los demás allí, de modo que de castigo, nada.

Cuando el jesuita amigo le pregunta si quiere ver a jesús, el artista le dice:

–Quiero ver más de lo que veo. Sé que detrás de todo estará eso, pero no aspiro a tanto. Aspiro a ver lo que todavía no he visto y a conocer lo que todavía no he conocido. Por eso no miro para atrás y por eso estoy perdiendo la memoria. Me da la impresión, en cierto modo, de que se me olvidan cosas. Pero, en cambio, puedo todavía ir un poco más adelante.

Piero della Francesca: Resurrección de Cristo

 

A Piero della Francesca,
autor del bello Políptico:
uno de mis pintores itálicos

preferidos.

 

Piramidal, hierático,
aparece Cristo,
saliendo triunfante del sarcófago,
de mármol límpido.
El Crucificado,
todavía herido,
tiene un pie sobre la losa:
vencedor definitivo,
en la mano derecha un blanco pendón,
con la cruz roja teñido,
y, a sus pies,
los cuatro guardias dormidos.

Unos árboles desnudos
del invierno ya ido,
frente a otros, primaverales,
de verde renacido.

El sepulcro vacío

 

Mt 27, 62-66 y 28, 11-15.

 

Sepulcro en la roca,
Sepulcro vacío.
No es ninguna prueba,
sino solo un signo.

¿Escapó Jesús
del sudario frío?
¿Quizás su cadáver
fuera removido?
¿Robaron su cuerpo?
¿Acabó perdido?

Sepulcro en la roca
Sepu
lcro vacío.

No es ninguna prueba,
sino solo un signo.

Por negar el bulo,
Mateo tardío
inventó la historia
de que los judíos
colocaron guardias
que, retribuidos,
tras la resurrección
dijeron, ladinos,
que, mientras el robo,
quedaron dormidos.

Sepulcro en la roca,
Sepulcro vacío.
No es ninguna prueba,
sino solo un signo.

Lugar sacrosanto,
culto primitivo,
donde las mujeres,
donde los discípulos
vieron al Maestro
glorioso e invicto.
Palabra del Padre
y de Dios testigo.
Salvado por Dios
del sheol maldito.
Primicia de vida
y entre muertos vivo.

Sepulcro en la roca,
Sepulcro vacío.
No es ninguna prueba,
sino solo un signo.

Ûltimos aforismos

 

Existe la fobia al dinero, llamada crematofobia. Mucho mayor es la fobia a los que lo tienen, y lleva divesos nombres en cada caso.

 

Los liberales sólo en economía no son liberales. Son ricos.

 

Los medios informativos, que califican de ultra derecha o de ultra izquierda (ultra; más allá de la democracia) a ciertos partidos políticos, son también responsables de las reacciones que pueden levantarse contra ellos.

 

Elogio agradecido de Hans Küng

 

         No se trata precisamente de un elogio póstumo: hace más de sesenta año que vengo elogiándole, desde que en Roma leí su primer libro. En la Universidad Gregoriana, profesores de aquel rubio mocetón suizo, de habla alemana, hablaban de él como de un genio. Pocos años después, se hacía famoso con un libro sobre la justificación por la fe, nudo gordiano de la Reforma, en el gran teólogo calvinista Karl Barth; por su peregrinación a la apartada tumba de Teilhard de Chardin, o sus trabajos sobre la Iglesia, que incitaron a Juan XXIII a nombrarle perito del Concilio Vaticano II, a sus 33 años, igual que al otro joven teólogo alemán y colega suyo, Joseph Aloisius Ratzinger. Puntal de la actuación renovadora del Vaticano II, desde entonces, con prisa y sin prisa, pero siempre sin pausa, Küng se convirtió en el teólogo y hombre de Iglesia más fecundo, más leído, más seguido, y más influyente, y, además, más popular. A pesar de sus controversias con los teólogos más conservadores, de su remoción de la cátedra de teología de la Facultad católica deTubinga y de su deshabilitación del título de teólogo católico por Juan Pablo II, mediante el cardenal Ratzinger, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Pero no quiero imitar a los mezquinos comentadores -para ser suave-, que, estos días, al hablar del teólogo suizo, no piensan en otra cosa que en recalcar los puntos de disensión con el Vaticano y con la Iglesia más tradicional. Como si eso fuera lo primordial.

Porque  lo cierto es que Hans Küng estuvo muy por encima de todo eso. Si puso en cuestión la infalibilidad pontificia -que distinguió bien de la indefectibilidad de la Iglesia-; si asumió la nueva exégesis bíblica crítico-histórica; se adelantó incluso a los papas en puntos clave, como la visión de la vida futura; discutió ciertas medidas o contrarreformas retrógradas de los penúltimos tiempos, o exigió la renovación de la Curia romana y ciertas reformas ya plantedas en el último Concilio y en varios Sínodos posteriores…, nunca rompió con nadie ni con nada, nunca dejó de ser fiel a la Iglesia de Cristo, ni dejó de proclamar su fe y su esperanza en Jesús de Nazaret, además de su amor entrañable para con él. Su visita al papa Benedicto XVI y su amigable relación con el papa actual lo demuestran. Es verdad que algunos lamentamos su no rehabilitación por el papa Francisco, pero entendemos bien la dificultad de este para deshacer lo que sus inmediatos predecesores, en un momento de debilidad, contando con alguna intemperancia de Küng, llegaron a hacer.

Escribió, después de estudiarlos a fondo, con una curiosidad intelectual uiniversal pocas veces vista, sobre todos los  temas esenciales de la fe en nuestro tiempo: Dios y su existencia, Cristo y su encarnación, la Vida futura, la Iglesia, el Judaísmo, el Cristianimso, el Islam, el Ecumenismo, la Justicia, la Paz, la Ética… Cada tema es un libro grueso o varios, que agotan o casi agotan todas sus posibilidades. Fue un escritor admirable, claro, sugeridor, divertido, cultísimo. Nadie habló como él al hombre de nuestro tiempo. Nadie aprovechó la inmensa cultura  filosófica de todos los tiempos. Filósofo y  teólogo,  teólogo y filósofo, en la mejor tradición germana, buen narrador, polemista cuando era necesario, excelente dialéctico, apologeta concordista y ecuménico, orador excelso, artista siempre, poeta y místico en los momentos más importantes. Muchos de mis poemas religiosos han nacido de su lectura y de la meditación de la misma.

Cuánto le debemos millones de creyentes en Jesús de Nazaret y en la Iglesia de sus seguidores. Fue el ilustrador, el animador, el confirmador y el confortador de nuestra fe. Y sigue siendo. Y lo será hasta nuestra muerte.

Quien quiera conocer bien su envergadura humana, cultural, teológica y cristiana puede leer la preciosa Laudatio, que le dedicó sus discípulo Manuel Fraijó, cuando le fue otorgado el título de doctor honoris causa por la UNED española, en 2011,  y todavia le quedaban diez años de intensa creatividad. Cuando fue liberado, bien a su pesar, de su cátedra teológica, se volcó en su muy antigua vocación ecuménica, y desde entonces es innumerable, y no solo desde su Fundación Ética Mundial, el catálogo de iniciativas, religiosas y civiles en forma de viajes, libros -casi una decena-, revistas, congresos, seminarios, plataformas internacionales…, al más alto nivel mundial, en favor del diálogo interreligioso, y de una ética común entre religiones al servicio de una ética mundial por la paz, la convivencia y la justicia en todas las naciones de la Tierra.

Y me dejo, por no conocerlas bien, un buen número de  sus creaciones, libros incluidos, vg., sobre intelectuales europeos, de Pascal a Dostoievsky, de Mann a Kafka, asi como sobre la ecología, la vida social, la literatura, la música, la música de Mozart…

Hans Küng -dijeron las agencias internacionales- murió en paz en su casa de Tubinga. Él abogó frecuentemente por la muerte en paz, un capítulo supremo de la ética. Pero para él, la paz era mucho más. Era una metáfora muy humana de Dios.